jueves, 25 de abril de 2013

La ley de Herodes

Aquí tenéis una de mis prácticas sobre liderazgo institucional de una de las asignatura del máster RelMed. En este caso escogí la película mexicana "La ley de Herodes" para hacer el análisis.. que, por cierto, es genial y 100% recomendable para todo aquel a quien le guste la crítica política y social!


La ley de Herodes” es un film mexicano de 1999 dirigido por el director Luís Estrada. Su aparición provocó duras críticas en el país ya que era la primera vez que se criticaba a la clase política y la corrupción de una manera tan explícita. Hoy en día se considera una de las mejores películas mexicanas de los últimos tiempos y se ha convertido en un clásico.
La historia está ambientada en la época del presidente Miguel Alemán, quien gobernó México de 1946 a 1952, en un duro período después de la Revolución que llevó al poder al PRI (Partido Revolucionario Institucional) con el objetivo utópico de hacer llegar la modernidad y acabar con la corrupción de los miembros del gobierno.
La película empieza con el linchamiento y posterior decapitación del alcalde de un pequeño pueblo imaginario llamado San Pedro de los Saguaros. El gobernador designa a Juan Vargas, dueño de un basurero y militante del PRI, como nuevo alcalde. Cuando Vargas llega al pueblo este no es lo que se esperaba, está en ruinas, los habitantes apenas hablan español y la escuela ha desaparecido después de que vendieran hasta las puertas y las ventanas. Pero  lo llaman “licenciado” y empieza a sentirse alguien importante.
En un principio sus intenciones son buenas, intenta dialogar con la dueña del burdel para parar los homicidios y las enfermedades derivadas, todo ello sin aceptar sobornos. Pero con el transcurso de los días empieza a ver las acciones poco éticas de los demás y como incluso el cura pide dinero a los fieles por aceptar sus confesiones. Cuando acude al gobernador para pedir el traslado, este le entrega una ley federal y una pistola. A partir de aquí, estás serán las herramientas en las que Vargas basará su autoridad.
En un inicio parece que estamos delante de un no-liderazgo o laissez-faire, ya que Vargas en realidad no tiene ni idea de política ni de como dirigir una alcaldía y está haciendo el trabajo que otros simplemente no quieren hacer. Su actitud es de ausencia cuando se le necesita y de delegar las decisiones en su secretario o echar las culpas de todos los problemas que sufre el país a la oposición, en este caso representada en la figura del doctor Morales. Pero una vez que se da cuenta de los beneficios que le puede aportar su autoridad, esto empieza a convertirse en un liderazgo transaccional negativo claramente autoritario.
Comienza a buscar errores entre sus conciudadanos, corregir, llamar la atención, amenazar y, como no, recibir sobornos. Todo ello acabará de una manera trágica con el asesinato de la dueña del burdel, doña Lupe, “por no darle su lugar y respetar las instituciones de la patria”. Pero como en todo liderazgo autoritario, intenta ocultar su error a toda costa y culpar de ello a la persona más débil, en este caso el borracho del pueblo. Con cada error que comete, actúa más atemorizado y utiliza sus armas de manera más feroz. Comienza a creerse que es la autoridad y que algún día llegará a diputado, pero es consciente de que sin esa pistola todo su poder se pierde y la gente no le respeta.
Otro de los hechos más significativos que demuestran el estilo de su liderazgo es la escena en la que Vargas aparece colocando un cartel ofreciendo una recompensa a quien pueda aportar algún dato sobre el asesino, teniendo en  cuenta que la población nativa no entiende apenas el español y no sabe leer. Pero a él eso le da igual, simplemente quiere ocultar su fallo y para ello todo vale. También utiliza excusas del tipo “A veces, uno tiene que hacer cosas que no le gustan” para intentar justificar sus actuaciones pero sin asumir su responsabilidad.
Finalmente, tras todas las amenazas y chantajes, consiguen que el doctor Morales abandone el pueblo y con ello eliminan también la oposición política a los “ideales” de la revolución. Como un buen líder transaccional negativo (llevado al límite, claro está) decide cuáles son las leyes de la constitución que sirven y las que no y se inventa otras con las que recaudar impuestos adicionales, “todo por el bien de la comunidad”. Incluso modifica el período de mandato para que los alcaldes puedan permanecer en el poder por cuatro mandatos. Aquí encontramos la afirmación de “yo sé más que nadie” como otra de las características más destacables del liderazgo autoritario de Vargas, ya que no consiente que nadie le lleve la contraria y quién lo hace, como su propio secretario, sufre las consecuencias. También actúa evasivo y alejado completamente de la realidad, necesita un traductor para poder entenderse con los habitantes de San Pedro e intenta que los otros sean los que están equivocados: “Estás loco cabrón, esas cosas no pasan en mi partido”.
Finalmente, Vargas entra en un estado de locura y acaba aniquilando a todo aquel que se cruza en su camino. Llega a creerse tanto esa autoridad que se ha impuesto a si mismo que se cree dueño y señor de la localidad y cree que puede hacer con sus habitantes lo que desee “Este es mi pueblo, transgresores de la ley, todo lo hago por su bien, están pobres porque quieren,  cabrones!”. Quizás, parte de la culpa la tenga su superior, el Gobernador, que lo puso en el puesto en su momento pensando que Vargas no tenía ninguna capacidad de actuación, su laissez-faire podría ser el motivo porque el que posteriormente Vargas viera vía libre para ocupar su puesto y, por ello, lo acaba asesinando a él también.
El film acaba de una manera bastante inesperada. A pesar de todo lo ocurrido y de ser linchado por el pueblo del mismo modo que sucedió a los alcaldes precedentes, Vargas consigue llegar a diputado. La última escena en una crítica directa a la clase de gobernantes que ha tenido México en los últimos años. Vargas confiesa que ha llegado al congreso con las manos manchadas de sangre, pero lo justifica con que se trata en realidad de sangre de enemigos de la Revolución. El reto para él y para su partido, es ni más ni menos que continuar en el poder por siempre y para siempre. Parece ser que, después de todo, al PRI no le fue tan mal y consiguió su objetivo, pero este liderazgo autoritario ha causado una profunda herida en los mexicanos que hará que tarden mucho tiempo en volver a confiar en su clase política.

- Christina Barragán
Universitat Rovira i Virgili

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