martes, 28 de agosto de 2012

La biografía oculta de los Obama: una familia al servicio de la CIA

El periodista de investigación Wayne Madsen ha logrado compilar varios archivos de la CIA que demuestran los vínculos de esa agencia de espionaje con instituciones y personas estrechamente ligadas a Barack Obama, así como a sus padres, su abuela y su abuelo. La primera parte de este trabajo subraya la participación de Barack Obama padre en las acciones de la CIA en Kenia, operaciones destinadas a obstaculizar que el comunismo ganara terreno en ese país gracias a la influencia de China y de la Unión Soviética en los medios estudiantiles. Las operaciones de la CIA en Kenia tenían también como objetivo evitar el surgimiento de líderes africanos no alineados.

Business International Corporation, la empresa tapadera de la CIA en la que trabajaba el futuro presidente estadounidense, organizaba conferencias en las que reunía a los más poderosos dirigentes y utilizaba a periodistas como agentes en el extranjero.
El trabajo que el propio Barack Obama realizó en esa empresa a partir de 1983 coincide con las misiones de espionaje por cuenta de la CIA que su madre, Stanley Ann Dunham, había realizado durante los años 1960, después del golpe de Estado en Indonesia, como trabajo para otras instituciones que también servían de pantalla a la CIA, como la East-West Center de la universidad de Hawai, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (United States Agency for International Development, USAID) [1] y la Fundación Ford [2].
Fue durante su trabajo en el East-West Center, en 1965, que la madre de Obama conoció a Lolo Soetoro, el padrastro de Obama, y se casó con él.
Soetoro fue enviado nuevamente a Indonesia en 1965 como oficial de alto rango encargado de servir de consejero al general Suharto y a la CIA en el sangriento derrocamiento del presidente Sukarno [3]
El padre de Barack Obama había conocido a la madre, en 1959, en un curso de idioma ruso organizado en la universidad de Hawai. Barack Obama padre figuraba entre los seleccionados para participar en un intercambio entre [la región] Este de África y Estados Unidos, intercambio que debía incorporar 280 estudiantes africanos a diferentes instituciones universitarias estadounidenses.
Según un despacho de la agencia Reuters fechado en Londres el 12 de septiembre de 1960, aquella operación contaba simplemente con una «ayuda» proveniente únicamente de la Fundación Joseph P. Kennedy.
Su objetivo era entrenar y adoctrinar a futuros agentes que debían ejercer su influencia en África, continente que por aquel entonces estaba convirtiéndose en un terreno de confrontación entre Estados Unidos, la Unión Soviética y China, potencias que trataban de ganarse a los regímenes de los países africanos que acababan de alcanzar la independencia o que estaban a punto de lograrla.
Durante la selección de los estudiantes que serían enviados a Estados Unidos, Masinda Muliro, vicepresidente de la Unión Democrática Africana de Kenia (Kenyan African Democratic Union, KADU), había denunciado las preferencias tribales a favor de la etnia kikuyu, mayoritaria, y de la minoritaria etnia luo.
Aquel favoritismo privilegiaba a los simpatizantes de la Unión Nacional Africana de Kenia (Kenyan African National Union, KANU), cuyo líder, Tom Mboya, tenía un pasado como nacionalista y sindicalista. Fue Mboya quien decidió el envío de Barack Obama padre a la universidad de Hawai como estudiante. Obama padre, ya casado en Kenia, donde era padre de un hijo y estaba en espera de otro, se casó con Stanley Ann Dunham en la isla de Maui el 2 de febrero de 1961. Dunham ya tenía 3 meses de embarazo de Barack Obama en el momento de su unión con Obama padre, quien se convirtió en el primer estudiante africano incorporado a una universidad estadounidense.
También según la agencia Reuters, Muliro declaró que quería enviar a Estados Unidos una delegación para investigar a los estudiantes kenianos que habían recibido «regalos» provenientes de estadounidenses y «garantizar que los regalos que se hicieran a los estudiantes en el futuro [fuesen] administrados por personas sinceramente preocupadas por el desarrollo de Kenia».
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La CIA habría reclutado a Tom Mboya en el marco de un programa llamado «liberación selectiva», programa generosamente financiado por la CIA y cuyo objetivo era aislar al presidente Kenyatta, quien fue el fundador de la República de Kenia, y considerado por la agencia de espionaje estadounidense como una persona de «no confianza».
Mboya recibió en aquella época una subvención ascendiente a 100 000 dólares proveniente de la Fundación Joseph P. Kennedy, en el marco del programa de invitación de estudiantes africanos, después de haber rechazado una propuesta similar de parte del Departamento de Estado. Resulta evidente que a Mboya le inquietaban las sospechas que la entrega de una ayuda oficial estadounidense podía provocar entre los políticos kenianos procomunistas, quienes ya sospechaban que Mboya estaba vinculado a la CIA.
Así que el financiamiento del programa se garantizó a través de la Fundación Joseph P. Kennedy y de la Fundación de Estudiantes Afroamericanos.
El padre de Obama no estuvo en el primer grupo enviado a Estados Unidos por vía aérea, sino en uno de los siguientes. Aquel programa de ayuda a los estudiantes africanos, organizado por Mboya en 1959, incluía estudiantes de Kenia, Uganda, Tanganyka, Zanzíbar, Rhodesia del Sur y del Norte (hoy Zambia y Zinbabue) y de Nyasaland (hoy Malawi).
La agencia de noticias Reuters reporta además que Muliro denunciaba por entonces que el favoritismo existente en la selección de los beneficiarios de la ayuda estadounidense «molestaba y amargaba a los demás estudiantes africanos». Muliro señalaba que «se daba preferencia a las tribus mayoritarias [los kikuyus y los luos] y que muchos de los estudiantes seleccionados por Estados Unidos no habían logrado pasar los exámenes de admisión mientras que otros estudiantes no seleccionados tenían mejores referencias».
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Enviado a Hawai por la CIA, Barack Obama senior, es decir el padre del actual presidente de los EEUU, Barack Obama junior, llevando las tradicionales flores en el cuello símbolo de bienvenida en la isla, se deja fotografiar en compañía de Stanley Dunham (a la izquierda de Obama senior), es decir el abuelo materno del presidente Barack Obama.
El padre de Obama era amigo de Mboya y pertenecía a la etnia luo. Al ser asesinado Mboya, en 1969, Obama padre compareció como testigo en el juicio contra el presunto asesino. Incluso afirmó haber sido él mismo objeto de un intento de asesinato en plena calle después de su testimonio ante el tribunal.
El padre de Obama partió de Hawai en 1962 para estudiar en Harvard y se divorció de Dunham en 1964. Se casó nuevamente con una estudiante de Harvard, Ruth Niedensand, una estadounidense judía, y volvió con ella a Kenia, donde tuvieron dos hijos. Aquella unión también terminó en divorcio. Obama padre trabajó en el ministerio de Finanzas y en el ministerio de Transportes de Kenia, así como en una compañía petrolera. Murió en un accidente automovilístico, en 1982, y los principales políticos de Kenia asistieron a sus funerales, entre ellos Robert Ouko, quien se convertiría posteriormente en ministro de Transportes y sería asesinado en 1990.
Los documentos de la CIA indican que Mboya era un importante agente de influencia que trabajaba por cuenta de la CIA, no sólo en Kenia sino en todo el continente africano. Según un informe semanal secreto de la CIA (CIA Current Intelligence Weekly Summary), fechado el 19 de noviembre de 1959, Mboya tenía la misión de vigilar a los extremistas durante la segunda Conferencia Panafricana de Túnez (All-Africa People’s Conference, AAPC).
El documento de la CIA reporta que «serias fricciones [se habían] desarrollado entre el primer ministro de Ghana, Kwame Nkrumah, y el nacionalista keniano Tom Mboya quien [había] participado activamente en diciembre [de 1958] en la vigilancia sobre los extremistas durante la primera Conferencia Panafricana en Accra». La expresión «participado activamente» parece indicar que Mboya cooperaba con la CIA, cuyo informe fue redactado por sus agentes destacados en Accra y Túnez. Fue durante aquel período de «colaboración» con la CIA en Accra y en Túnez que Mboya asignó una beca de estudios al padre de Barack Obama y le ofreció la posibilidad de salir del país y de estudiar en la universidad de Hawai, donde encontraría a la futura madre del actual presidente de Estados Unidos y se casaría con ella.
En un informe semanal secreto de la CIA anterior, con fecha del 3 de abril de 1958, aparecen la siguientes frase: «[Mboya] sigue siendo uno de los dirigentes africanos más prometedores». En otro informe semanal secreto, fechado el 18 de diciembre de 1958, la CIA califica al nacionalista keniano MBoya de «joven vocero capaz y dinámico» durante su participación en los debates de la Conferencia Panafricana y lo describe como un opositor ante «extremistas» como Nkrumah, quien contaba con el apoyo de «los representantes chino-soviéticos».
En un documento desclasificado de la CIA sobre la Conferencia Panafricana de 1961, el conservadurismo de Mboya, al igual que el del tunecino Taleb Sliam, se define claramente como contrapeso ante la política de izquierda del clan Nkrumah. Los procomunistas habían sido electos a la cabeza del comité organizador de la Conferencia Panafricana durante la conferencia del Cairo, en 1961, a la que asistió Mboya.
En el informe de la CIA aparecen los nombres de varios de aquellos dirigentes, como el senegalés Abdoulaye Diallo, secretario general de la Conferencia Panafricana; el argelino Ahmed Bourmendjel; el angoleño Mario de Andrade; Ntau Mokhele de Basutoland (antiguo Lesotho); el camerunés Kingue Abel; Antoine Kiwewa, del Congo belga (la actual República Democrática del Congo); el ghanés Kojo Botsio; el guineano Ismail Touré, T. O. Dosomu Johnson, de Liberia; el maliense Modibo Diallo; el marroquí Mahjoub Ben Seddik, el nigerino Djibo Bakari; el nigeriano Tunji Otegbeya; Kanyama Chjume, de Nyassaland; el somalí Ali Abdullahi; el sudafricano Tennyson Makiwane y Mohamed Fouad Galal, de los Emiratos Árabes Unidos.
Los únicos participantes que recibieron la aprobación de la CIA fueron Mboya (quien, según todo indica, era un colaborador de la CIA); Joshua Nkomo, de Rhodesia del Sur; B. Munanka, de Tanganyka; el tunecino Abdel Magid Shaker y el ugandés John Kakongé.
Finalmente se produce la destitución de Nkrumah, después de un golpe de Estado orquestado por la CIA mientras que el líder realizaba una visita a China y Vietnam del Norte. Aquella operación se produce un año después de la que realizó la CIA contra el presidente Sukarno, otro golpe de Estado en el que participó la familia de Obama por parte de madre.
Ciertos elementos hacen pensar que el asesinato de Mboya, en 1969, fue organizado por agentes chinos que actuaban por cuenta de las facciones gubernamentales que el presidente keniano, Jomo Kenyatta, había puesto a cargo de la lucha contra Mboya y, por consiguiente, de la eliminación de un político africano proestadounidense de primera línea. Todas las embajadas de Nairobi pusieron sus banderas a media asta como homenaje a Mboya, con excepción de la embajada de la República Popular China.
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Jomo Kenyatta, primer presidente de Kenia después de salir del colonialismo.
La influencia que Mboya ejerció sobre el régimen de Kenyatta se prologará durante mucho tiempo después de su muerte, aún en vida del padre de Barack Obama. En 1975 se produce el asesinato de Josiah Kariuki, socialista miembro del partido KANU (partido a cuya creación había contribuido junto con Mboya y con el padre de Barack Obama. Después de aquel asesinato, Kenyatta expulsa del gobierno a tres ministros rebeldes que «estaban personalmente vinculados a Kariuki o a Mboya». Dicha información se clasificó primeramente como secreta (nivel de clasificación Umbra) y aparece en varias notas de servicio de la CIA en el Medio Oriente, en África y Sudáfrica. Fue divulgada posteriormente a través de la red COMINT, el 24 de junio de 1975. La información de inteligencia que figura en ese informe, como lo demuestra su nivel de confidencialidad, proviene de escuchas efectuadas por el ministerio del Interior de Kenia. Nadie fue acusado nunca por el asesinato de Kariuki.
Las escuchas a las que fueron sometidas personas vinculadas a Mboya y Kariuki prueban que la NSA y la CIA mantuvieron bajo vigilancia al padre de Barack Obama, quien –como ciudadano extranjero en Estados Unidos– podía ser sometido ocasionalmente a escuchas de manera legal, escuchas de las que se encargan la NSA [la National Security Agency estadounidense] y el Government Communications Headquarters (GCHQ, servicio de espionaje electrónico del gobierno británico).

Continuará..

viernes, 24 de agosto de 2012

El último judío

Aprovechando los ratos libres en el trabajo y los desplazamientos en metro o tren, vuelvo a la wishlist que tenía abandonada desde hace ya bastante tiempo. Y a su vez tambien vuelvo a uno de mis géneros favoritos al que últimament había cambiado, más por casualidad que intencionadamente, por las Guerras Mundiales con "Suite Francesa" y "BirdSong".

El último judío, del estadounidense de orígen judío Noah Gordon fue publicada en 1999. Catalogada en más de una ocasión como best-seller, ha batido récords de ventas en todo el mundo y se ha consolidado durante años como un hito en el ámbito de la novela histórica. Después de sus anteriores éxitos, Noah Gordon ha vuelto a poner el listón muy alto con esta apasionante novela.
El viaje iniciatico de su personaje principal, Yonah, le sirve a Noah Gordon como excusa para mostrarnos los acontecimientos históricos sucedidos en el siglo XV en la Península Ibérica, así como para analizar la compleja convivencia entre judíos y cristianos.
El último judío toma como punto de partida la expulsión de los judíos en la España del siglo XV y como protagonista al joven Yonah Toledano. Cuando Yonah es separado de los únicos miembros de su familia que quedan con vida, se ve forzado a abandonar su hogar en búsqueda de un nuevo lugar donde poder establecerse sin tener que renunciar a sus creencias. Contrario a la conversión e involucrado además en la investigación del robo de reliquias, inicia un largo periplo por la España de la Inquisición, durante el cual deberá recurrir a su ingenio para salvaguardar su secreto. Los cambios continuos de identidad y de oficio serán duros de encajar, pero las dificultades no harán sino forjar su personalidad y reafirmar sus orígenes. Desde sus días de pobreza y soledad hasta sus últimos años como reputado médico, seguimos la vida de este extraordinario personaje y de un no menos interesante periodo histórico, en el que las traiciones e intrigas estaban a la orden del día. El viaje iniciático de Yonah le sirve a Noah Gordon, autor de El médico y La bodega, como eje central de una novela que, a modo de tapiz, abarca desde la descripción minuciosa de los acontecimientos históricos y el análisis de la compleja convivencia entre judíos y cristianos, hasta la disección de la vida interior de un hombre sometido a unas circunstancias excepcionales.

jueves, 23 de agosto de 2012

Syrian war of lies and hypocrisy

Palabras claras de Robert Fisk en The Independent para analizar en este interesantísimo artículo la actual guerra en Siria y definir cual es en realidad el verdadero objetivo de Occidente en todo este conflicto. Creo que he encontrado un nuevo gurú ;)

Has there ever been a Middle Eastern war of such hypocrisy? A war of such cowardice and such mean morality, of such false rhetoric and such public humiliation? I'm not talking about the physical victims of the Syrian tragedy. I'm referring to the utter lies and mendacity of our masters and our own public opinion – eastern as well as western – in response to the slaughter, a vicious pantomime more worthy of Swiftian satire than Tolstoy or Shakespeare.
While Qatar and Saudi Arabia arm and fund the rebels of Syria to overthrow Bashar al-Assad's Alawite/Shia-Baathist dictatorship, Washington mutters not a word of criticism against them. President Barack Obama and his Secretary of State, Hillary Clinton, say they want a democracy in Syria. But Qatar is an autocracy and Saudi Arabia is among the most pernicious of caliphate-kingly-dictatorships in the Arab world. Rulers of both states inherit power from their families – just as Bashar has done – and Saudi Arabia is an ally of the Salafist-Wahabi rebels in Syria, just as it was the most fervent supporter of the medieval Taliban during Afghanistan's dark ages.
Indeed, 15 of the 19 hijacker-mass murderers of 11 September, 2001, came from Saudi Arabia – after which, of course, we bombed Afghanistan. The Saudis are repressing their own Shia minority just as they now wish to destroy the Alawite-Shia minority of Syria. And we believe Saudi Arabia wants to set up a democracy in Syria?
Then we have the Shia Hezbollah party/militia in Lebanon, right hand of Shia Iran and supporter of Bashar al-Assad's regime. For 30 years, Hezbollah has defended the oppressed Shias of southern Lebanon against Israeli aggression. They have presented themselves as the defenders of Palestinian rights in the West Bank and Gaza. But faced with the slow collapse of their ruthless ally in Syria, they have lost their tongue. Not a word have they uttered – nor their princely Sayed Hassan Nasrallah – about the rape and mass murder of Syrian civilians by Bashar's soldiers and "Shabiha" militia.
Then we have the heroes of America – La Clinton, the Defence Secretary Leon Panetta, and Obama himself. Clinton issues a "stern warning" to Assad. Panetta – the same man who repeated to the last US forces in Iraq that old lie about Saddam's connection to 9/11 – announces that things are "spiralling out of control" in Syria. They have been doing that for at least six months. Has he just realised? And then Obama told us last week that "given the regime's stockpile of chemical weapons, we will continue to make it clear to Assad … that the world is watching". Now, was it not a County Cork newspaper called the Skibbereen Eagle, fearful of Russia's designs on China, which declared that it was "keeping an eye … on the Tsar of Russia"? Now it is Obama's turn to emphasise how little clout he has in the mighty conflicts of the world. How Bashar must be shaking in his boots.
But what US administration would really want to see Bashar's atrocious archives of torture opened to our gaze? Why, only a few years ago, the Bush administration was sending Muslims to Damascus for Bashar's torturers to tear their fingernails out for information, imprisoned at the US government's request in the very hell-hole which Syrian rebels blew to bits last week. Western embassies dutifully supplied the prisoners' tormentors with questions for the victims. Bashar, you see, was our baby.
Then there's that neighbouring country which owes us so much gratitude: Iraq. Last week, it suffered in one day 29 bombing attacks in 19 cities, killing 111 civilian and wounding another 235. The same day, Syria's bloodbath consumed about the same number of innocents. But Iraq was "down the page" from Syria, buried "below the fold", as we journalists say; because, of course, we gave freedom to Iraq, Jeffersonian democracy, etc, etc, didn't we? So this slaughter to the east of Syria didn't have quite the same impact, did it? Nothing we did in 2003 led to Iraq's suffering today. Right?
And talking of journalism, who in BBC World News decided that even the preparations for the Olympics should take precedence all last week over Syrian outrages? British newspapers and the BBC in Britain will naturally lead with the Olympics as a local story. But in a lamentable decision, the BBC – broadcasting "world" news to the world – also decided that the passage of the Olympic flame was more important than dying Syrian children, even when it has its own courageous reporter sending his despatches directly from Aleppo.
Then, of course, there's us, our dear liberal selves who are so quick to fill the streets of London in protest at the Israeli slaughter of Palestinians. Rightly so, of course. When our political leaders are happy to condemn Arabs for their savagery but too timid to utter a word of the mildest criticism when the Israeli army commits crimes against humanity – or watches its allies do it in Lebanon – ordinary people have to remind the world that they are not as timid as the politicians. But when the scorecard of death in Syria reaches 15,000 or 19,000 – perhaps 14 times as many fatalities as in Israel's savage 2008-2009 onslaught on Gaza – scarcely a single protester, save for Syrian expatriates abroad, walks the streets to condemn these crimes against humanity. Israel's crimes have not been on this scale since 1948. Rightly or wrongly, the message that goes out is simple: we demand justice and the right to life for Arabs if they are butchered by the West and its Israeli allies; but not when they are being butchered by their fellow Arabs.
And all the while, we forget the "big" truth. That this is an attempt to crush the Syrian dictatorship not because of our love for Syrians or our hatred of our former friend Bashar al-Assad, or because of our outrage at Russia, whose place in the pantheon of hypocrites is clear when we watch its reaction to all the little Stalingrads across Syria. No, this is all about Iran and our desire to crush the Islamic Republic and its infernal nuclear plans – if they exist – and has nothing to do with human rights or the right to life or the death of Syrian babies. Quelle horreur!


martes, 21 de agosto de 2012

La atleta somalí que corrió entre todos los infiernos


La noticia en sí misma es suficientemente trágica: una atleta olímpica muere en una patera tras dejar atrás su país, Somalia, para buscar un futuro deportivo mejor. Ocurrió, al parecer, en abril de este año. Pero ¿qué vivió Samia Yusuf Omar antes de su momento de fama, en Pekín 2008? ¿Qué ocurrió después? ¿Cómo llegó a subir a una barca para intentar perseguir su sueño en Italia?
Samia alcanzó los titulares hace cuatro años por llegar la última en la prueba de 200 metros con una marca de 32,16 segundos, 10 más que la ganadora. El estadio se levantó en aplausos al atisbar a la atleta descolgada, de tan solo 17 años, y premió en ella el valor olímpico de la superación. Fue recibida en Mogadiscio con escasos honores. Ni siquiera su familia había podido verla correr. Pese al resultado, estaba pletórica: "Ha sido una experiencia bellísima. He llevado la bandera de Somalia y he estado con los mejores deportistas del mundo".
Pekín fue el Dorado durante los días en que escapó a la guerra civil que se inició en su país en 1991, el año en que nació. En la villa olímpica se olvidó de vivir hacinada (siete en dos habitaciones), de la dieta forzosa de pan y agua tantos días o de los insultos y golpes de los milicianos fundamentalistas que conseguían a veces abortar su entrenamiento. Dejó de ser la única cuidadora de sus cinco hermanos menores, y cambió por un tartán impoluto el estadio de Coni, repleto de baches.
La atleta había convivido con muchas más penalidades infligidas por el país cuya bandera esgrimió orgullosamente cuando llegó a la meta. Somalia era y es un torbellino bélico y político cuyas primeras víctimas son los ciudadanos y especialmente las mujeres.
Un desgraciado ranking publicado en 2011 situaba a Somalia como el quinto peor país del mundo para ser mujer. La propia ministra encargada de estos asuntos, Maryan Qasim, declaraba entonces: "Estoy sorprendida. Pensaba que ocupábamos el primer lugar".
La atleta que se sobrepuso al hambre y a la intolerancia, a contar solo algunos días con entrenadores aficionados, fue sometida, casi con total seguridad, a la ablación (prácticamente todas las niñas son mutiladas sexualmente). No solo le acechaban quienes la querían tapada y en su casa. Aquel informe, basado en las experiencias y valoraciones de más de 300 expertos, señalaba que las violaciones diarias son un hecho, así como el limitado acceso a la educación (Samia abandonó el colegio a los ocho años para cuidar de sus cinco hermanos al morir su padre por un proyectil en el mercado en el que trabajaba), recursos de subsistencia y atención sanitaria.
El mayor peligro para las mujeres, reconocía la propia ministra, es pretender ser madre. Si Samia se hubiesa quedado embarazada habría tenído el 50% de posibilidades de morir. "No hay cuidados previos al parto, ni hospitales, ni sistema de salud, nada".
El entusiasmo de la vuelta de Samia a Mogadiscio, tal y como recoge este reportaje de Al Yazira, firmado por Teresa Krug, se trocó rápidamente en ocultismo. Vivió de cerca un golpe mortal de Al-Shabab, el brazo somalí de Al Qaeda, y el miedo hizo que negase que era atleta cuando le preguntaban. Era el tiempo en que el grupo fundamentalista prohibió a todos los somalíes participar en deportes e incluso verlos por televisión. El estadio pasó a ser la base de la organización. La muerte en 2009 como consecuencia de las heridas en un atentado del ministro de Deportes, Suleiman Olad Roble, se llevó por delante lo que quedaba del Comité Olímpico Somalí.
La situación política había empeorado. En 2009 el nuevo gobierno federal de transición, encabezado por el islamista moderado Sheikh Sharif Sheikh Ahmed, es incapaz de evitar los enfrentamientos con Al-Shabab e Hizbul Islam y en noviembre apenas controla la periferia de la capital. La madre de Samia deja su trabajo de vendedora de fruta y verdura, el único sustento de los seis hijos. En diciembre se mudan a un campo de desplazados cercano a Mogadiscio. Pero las condiciones son tan inhumanas que deciden afrontar el riesgo de regresar a la capital.
En octubre de 2010 Samia se marcha a Etiopía, con la esperanza de encontrar un entrenador que la llevase de vuelta a unos Juegos Olímpicos. En abril de 2011, la atleta, visiblemente desnutrida (no ha podido correr en los últimos dos meses) consigue entrevistarse con el exolímpico Eshetu Tura. El medallista etíope no había oído hablar de la atleta somalí, pero acepta entrenarla.
Samia, de 20 años, toma tres autobuses todos los días para llegar a la cita de las 7.30. Vive con una tía. Pretende recolocar a su familia una vez que consiga ganar dinero como atleta. Pero su sueño es revivir en Reino Unido la experiencia de Pekín.
Londres 2012. En el desfile inaugural, la delegación somalí lleva una abanderada. No es ella. No ha conseguido su sueño.
Teresa Krug, la periodista que quiso escribir un libro sobre Samia, revela ahora que intentó convencerla en vano de que no abandonara Etiopía para viajar a Sudán y luego a Libia. La atleta no dio señales de vida hasta llegar a terreno libio,  "milagrosamente viva", en palabras de la reportera. Desde allí se comunicaron esporádicamente. "En su último mensaje me contó que había estado en la cárcel y muy mal físicamente, pero que en ese momento se encontraba bien". Eran los albores de 2012.
Su compatriota Abdi Bile, campeón del mundo de los 1.500 en Roma 1987, habló hace pocos días ante el comite olímpico somalí, que se felicitaba por el triunfo de Mo Farah, el niño llegado al Reino Unido con 10 años y convertido en doble medallista bajo la bandera británica.
Bile interrumpió la euforia: "Samia ha muerto. Ha muerto por llegar a Occidente. Tomó una patera en Libia que debía llevarla a Italia". La audiencia aplaude, como narra la escritora de origen somalí Igiaba Scego. Comparten el dolor. Cada familia tiene a alguien querido desaparecido en una barca clandestina. El mar fue el último infierno, el que Samia no pudo sortear.

viernes, 17 de agosto de 2012

Un ombligo olímpico y con polémica


En su página en el sitio oficial de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, la atleta Habiba Ghribi dejaba muy claro su objetivo: ganar una medalla. Lo consiguió. El 6 de agosto se convirtió en la primera tunecina en subir a un podio olímpico, obtuvo la plata en la prueba de 3.000 metros con obstáculos. Emocionada, dedicó su triunfo a los tunecinos, en especial a las mujeres, y al “Nuevo Túnez”. Pero, aparentemente, algunas partes del “Nuevo Túnez” no estaban listas para su logro. Al menos no para su ombligo.
Ocurre que Ghribi, de 28 años, vestía un traje deportivo que mostraba —además de su ya mencionado ombligo— su abdomen, piernas y brazos al desnudo. Un atuendo que no desentonaba con el de sus competidoras. Pero para los tunecinos más conservadores, poco más que “ropa interior”. “Túnez no necesita mujeres que corran desnudas”, anotó un indignado aficionado en Facebook. Otros incluso exigieron que se le retirara la nacionalidad.
Los insultos contra Ghribi no son extraños. Otras atletas árabes han sido igualmente insultadas. A la saudí Wojdan Shaherkani, que compitió en la prueba de judo, la llamaron "prostituta" y a la afgana Tahmina Kohistani, también atleta, la calificaron de "vergüenza nacional". Pero la polémica por el traje de Ghribi se distingue porque ha exacerbado el debate sobre la igualdad de género en Túnez un tema álgido en el país que vio nacer la Primavera Árabe. Túnez es uno de los países que más protegían los derechos de las mujeres en el mundo árabe. Ghribi, a diferencia de las competidoras saudí y afgana, compitió sin el hijab. El Código de Estatuto Personal que prohíbe la poligamia y el repudio se promulgó en 1956. El divorcio voluntario, los anticonceptivos y el aborto son legales. No obstante, el borrador de la nueva Constitución redactado a la sombra de Ennahda, el partido islamista que encabeza la coalición del Gobierno tunecino elegido tras la caída del dictador Ben Ali en enero de 2011, considera a las mujeres “complementarias” a los hombres. Miles de tunecinos se lanzaron el lunes a las calles en protesta con esta reforma. El partido en el Gobierno, atrapado entre las exigencias de los salafistas (que, entre otras cosas, abogan por la imposición de la sharia) y la oposición laica que afirma que las reformas conservadoras “traicionan” los ideales que impulsaron la Revolución de los Jazmines, insiste en que no limitará los derechos de la mujer. Pero muchos son escépticos.
La bloguera Lina Ben Mehnni —cuya bitácora, A Tunisian girl, recogía testimonios sobre el inicio de la Primavera Árabe— anunció en su blog que había asistido a las manifestaciones. Una de las imágenes que acompañan su texto muestra a una mujer con un cartel: “Soy una mujer completa, no un complemento”. Y las mujeres tienen ombligo.

lunes, 13 de agosto de 2012

Los moros de la profesora

Te lo voy a explicar en corto, chaval. Sin irnos por las ramas. Esa maestra, profesora, docente o como quieras llamarla, es imbécil. Tonta del culo, vaya. En el mejor de los casos «suponiendo que no prevarique a sabiendas, prisionera del qué dirán», une a su ignorancia el triste afán de lo políticamente correcto. La cuestión no es que te haya reprendido en clase de Historia por utilizar la palabra moros al hablar de la Reconquista, y exija que la sustituyas por andalusíes, magrebíes, norteafricanos o musulmanes. Lo grave es que a una profesora así le encomienden la educación histórica de chicos de ambos sexos de catorce o quince años. Que la visión de España y lo español que muchachos de tu generación tengan el resto de su vida dependa de cantamañanas como ésa. Tienes dos opciones. La primera, que desaconsejo, es tu suicidio escolar. Mañana, en clase, dile que no tiene ni puta idea de moros, ni de Historia, ni de lengua española, ni de la madre que la parió. Te quedarás a gusto, desde luego; y las churris te pondrán ojitos por chulo y por malote. Pero en lo que se refiere a esa asignatura y al curso, puedes ir dándote por jodido. Así que lo aconsejable es no complicarte la vida. Ésa es la opción que recomiendo.

Tu maestra, por muy estúpida que sea, tiene la sartén por el mango. Así que traga, colega, mientras no haya otro remedio; que ya tendrás ocasión, en el futuro «todos pasan tarde o temprano por delante de la escopeta» de ajustar cuentas, real o figuradamente. Así que agacha las orejas y llama a los moros como a ella le salga del chichi. Paciencia y barajar. Por lo demás, duerme tranquilo. Por muy maestra que sea, eres tú quien tiene razón. No ella. En primer lugar, porque el habla la determinan quienes la usan. Y no hay nadie en España, en conversación normal, excepto que sea político o sea gilipollas «a menudo se trata de un político que además es gilipollas», que no llame moros a los moros. Ellos nos llaman a los cristianos arumes o rumís, y nada malo hay en ello. Lo despectivo no está en las palabras, sino en la intención con que éstas se utilizan. La buena o mala leche del usuario. Lo que va, por ejemplo, de decir español a decir español de mierda. La palabra moro, que tiene diversas acepciones en el diccionario de la Real Academia, pero ninguna es peyorativa, se usa generalmente para nombrar al individuo natural del norte de África que profesa la religión de Mahoma; y es fundamental para identificar a los musulmanes que habitaron en España desde el siglo VIII hasta el XV. Desterrarla de nuestra lengua sería mutilar a ésta de una antiquísima tradición con múltiples significados: desde las fiestas de moros y cristianos de Levante hasta el apellido Matamoros, y mil ejemplos más. Así que ya lo sabes. Fuera de clase, usa moro sin cortarte un pelo. Como español, estás en tu derecho. Aparte del habla usual, te respaldan millones de presencias de esa palabra en textos escritos.

Originalmente se refiere a los naturales de la antigua región norteafricana de Mauretania, que invadieron la península ibérica en tiempos de los visigodos. Viene del latín maurus, nada menos, y se usa con diversos sentidos. Caballo moro, por ejemplo, se aplica a uno de pelaje negro. En la acepción no bautizado se extiende incluso a cosas «vino moro» o personas de otros lugares «los moros de Filipinas». Hasta Gonzalo de Berceo aplicaba la palabra a los romanos de la Antigüedad para oponerlos a judíos y a cristianos. De manera que basta echar cuentas: la primera aparición en un texto escrito data de hace exactamente mil ochenta y dos años, y después se usa en abundancia. «Castellos de fronteras de mauros», dice el testamento de Ramiro I, en 1061. Por no hablar de su continuo uso en el Poema de Mío Cid, escrito a mediados del siglo XII: «Los moros yazen muertos, de bivos pocos veo; los moros e las moras vender non los podremos». Y de ahí en adelante, ni te cuento. «Las moras no se dejan ver de ningún moro ni turco», escribió Cervantes en el Quijote. La palabra moro está tan vinculada a nuestra historia, nuestra sociedad, nuestra geografía, nuestra literatura, que raro es el texto, relación, documento jurídico antiguo u obra literaria clásica española donde no figura. También la usaron Góngora, Quevedo, Calderón, Lope de Vega y Moratín, entre otros autores innumerables. Y tan vinculada está a lo que fuimos y somos, y a lo que seremos, que sin ella sería imposible explicar este lugar, antiquísima plaza pública cruce de pueblos, naciones y lenguas, al que llamamos España. Imagínate, en consecuencia, la imbécil osadía de tu profesora. El atrevimiento inaudito de pretender cargarse de un plumazo, por el artículo catorce y porque a ella le suena mal, toda esa compleja tradición y toda esa memoria.
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Arturo Pérez-Reverte
XLSemanal 25/10/2010
www.perezreverte.com

jueves, 9 de agosto de 2012

Los árabes israelíes y el ejército

Llegar al trabajo y encontrar La Vanguardia del pasado domingo con este artículo del escritor israelí Abraham B. Yehoshua, impulsor del movimiento "Paz ahora", aunque no se de que paz habla.. Mucho humor creo que tiene que tener para argumentar como lo hace la incorporación de los árabes israelíes al ejército como medida para su "integración" social. No tiene desperdicio.

En la lucha por obligar a los jóvenes judíos ultraortodoxos a hacer el servicio militar o civil en Israel –lucha que surgió a raíz de las protestas sociales del pasado verano y que ya están preocupando mucho a los partidos políticos–, ha empezado a plantearse últimamente qué hacer en el caso de los árabes israelíes, también exentos del servicio militar o civil obligatorio que establece la ley israelí. Resulta además curioso que haya sido un partido nacionalista y laico como el del derechista Avigdor Lieberman el que haya exigido con firmeza que tanto los judíos ultraortodoxos como los árabes israelíes carguen también con esa obligación con el ejército del país.
Nada más crearse el Estado de Israel en 1948, los árabes israelíes obtuvieron la nacionalidad israelí y ya en el primer Parlamento surgido de las primeras elecciones había diputados árabes en representación de sus comunidades. Sin embargo, esa igualdad formal no ha supuesto todavía una auténtica igualdad en los ámbitos de la economía, el empleo, etcétera. Aún queda bastante camino hasta llegar a un grado de igualdad razonable.
A los árabes israelíes nunca se les obligó a hacer el servicio militar por dos motivos. El primero era el deseo de no enfrentarlos en el campo de batalla con sus hermanos palestinos del otro lado de la frontera ni con los soldados de otros países árabes. Y el segundo motivo era la falta de confianza en su lealtad al Estado de Israel, y se temía que las armas que se les dieran pudieran ser usadas, en momentos de crisis, en contra del propio Estado que se las había proporcionado.
Ahora, casi sesenta y cinco años después, todavía sigue vigente el primer motivo. Y el Estado israelí se ha cuidado mucho de evitar enfrentar a los árabes israelíes con los palestinos de Cisjordania, aún bajo ocupación militar, o con los palestinos de Gaza, en lucha con Israel. En cambio, en relación con la lealtad de los árabes israelíes, me parece que todos estos años demuestran con claridad su lealtad de facto con el Estado de mayoría judía en el que viven, y eso a pesar de sus duras críticas hacia la política de ese Estado.
Además, cada vez es mayor la integración de los árabes israelíes en el sistema judicial, sanitario y administrativo de Israel, aunque aún no con el ritmo adecuado. Con todo, constituye un bonito símbolo que el presidente del tribunal que condenó a un expresidente de Israel a siete años de cárcel fuera un juez árabe israelí.
Por todo ello, creo que habría que considerar si no convendría eliminar esa exención general del ejército para los árabes israelíes y pensar en la posibilidad de que fuesen al ejército con funciones especiales, sobre todo destinadas al servicio público. Las razones para hacerlo son varias: 
1. La realización del servicio militar o civil es muy valorada en Israel; por tanto, hacerlo supondría para los árabes un impulso para lograr una mayor igualdad social y laboral.
2. Los jóvenes árabes que hicieran ese servicio recibirían los muchos beneficios y derechos que se otorgan a los soldados después de cumplir con el ejército, beneficios en relación con la vivienda, el mercado de trabajo o la posibilidad de realizar estudios superiores. Todo ello mejoraría el estatus de la minoría árabe, que además podría reforzar su papel en la sociedad y deslegitimar así los nuevos brotes racistas.
3. Durante la segunda guerra de Líbano, las aldeas árabes recibieron una lluvia de cohetes del grupo Hizbulah. Por tanto, no hay motivo para impedir a los árabes que participen en la defensa de su población. Como tampoco hay motivo para que no colaboren en defender la frontera sur de Israel y evitar así la entrada ilegal de emigrantes africanos, ya que estos después trabajan con salarios muy bajos, lo cual perjudica sobre todo a los trabajadores árabes israelíes.
4. Las comunidades árabes que viven en aldeas o ciudades mixtas como Haifa, San Juan de Acre, Yafo o Nazaret están muy necesitadas de prestaciones sociales. Y en estos casos los árabes israelíes podrían ser muy útiles en servicios públicos, en los ámbitos de la educación, la sanidad, extinción de incendios o vigilancia policial. Todo ello mejoraría notablemente la calidad de vida de la población árabe, que es peor que la del sector judío.
5. El servicio militar o civil para los árabes israelíes supondría un apoyo moral para Israel a la hora de imponer como obligatorio el servicio militar para los jóvenes judíos ultraortodoxos que ahora lo rehúyen.
Y, por último, conviene saber que al igual que ocurre con muchos ultraortodoxos también hay muchos árabes israelíes interesados en hacer un servicio militar o civil que elevaría su estatus social y los habilitaría para realizar otras profesiones. Esperemos que el Gobierno israelí no se deje llevar por cálculos de rentabilidad política y no dude en extender una obligación que supondría establecer un parámetro de igualdad en las cargas y deberes de los ciudadanos.

lunes, 6 de agosto de 2012

Países que compran a otros países


En los últimos años se ha disparado la compra de tierras en África y en América Latina por parte de empresas y particulares extranjeros. Para la mayoría de la población estos hechos son desconocidos y en muchos casos no se les presta mucha atención, porque se les considera aislados. Pero, ¿cuáles han sido los factores que han propiciado esta tendencia que amenaza ahora la autosuficiencia?
1. – A partir del año 2015 será obligatorio en la Unión Europea (UE) el uso del 10% de biocombustibles para el transporte, lo que ha propiciado la compra de tierras en África.
2. – El sistema de producción intensiva de alimentos: grandes y fértiles hectáreas para el cultivo de alimentos.
3. – La escasez de agua en algunos países del Golfo Pérsico.
4. – El aumento de la población, sobre todo en algunos países asiáticos como Corea del Sur (el mayor comprador de tierras a nivel mundial con 2,3 millones de hectáreas).
5. – La especulación por la escalada de precios de los alimentos.
La mayoría de iniciativas de compra de terrenos, ya sean personas físicas, empresas o estados, afirman que generan puestos de trabajo en la región y que sólo compran terrenos abandonados, pero la realidad es que los campesinos y campesinas de África o de América Latina se ven privados de su principal, y en muchos casos, única fuente de soporte de vida, obligándoles a emigrar a las ciudades. En general se trata de buenas tierras no contaminadas por pesticidas y abonos químicos, precios ridículamente baratos a cambio de millones de hectáreas de campo cultivable, gobiernos corruptos que aceptan poner en peligro la seguridad alimentaria de su población y además, mano de obra barata, por no decir regalada, crean un marco perfecto para estas cuestionadas negociaciones. Encontramos numerosos ejemplos, entre los que destacamos:
- Etiopía: Donde el gobierno ha ofrecido tres millones de hectáreas de su tierra más fértil a países desarrollados y algunos de los individuos más adinerados del mundo para que exporten alimentos a sus propias poblaciones. El dato paradójico es que en este país 13 millones de personas viven en situación de crisis alimentaria, según la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Sin embargo, ni siquiera las áreas protegidas están a salvo, como el Santuario de Elefantes de Babil, vendido en un 87% de su territorio a un inversor europeo.
- Tanzania: Donde según la FAO, miles de agricultores que cultivan arroz y maíz están siendo expulsados ​​de extensas áreas de tierra fértil para que corporaciones occidentales establezcan sus plantaciones de biocombustibles.
- Zambia: El cultivo de una variedad de higuera, no apto para el consumo humano, llamado jatrofa, ha experimentado tal aumento en sus plantacón que numerosos inversores subscriben contratos por 30 años de duración. Esta planta se está cultivando también en Togo, Ghana, Senegal, Malí, Costa de Marfil y Níger.
- Senegal: Los cultivos para biocombustibles ocupan hoy un lugar destacado en el programa gubernamental de renovación agrícola de ese país.
- Ghana: Donde las grandes compañías planean plantar un millón de hectáreas de la llamada jatrofa con el apoyo del gobierno. El problema de la jatrofa es que no se come, y por lo tanto, los monocultivos de plantas para biocombustibles tampoco solucionan los problemas de alimentación de las poblaciones locales.
- Madagascar: País en el que Daewoo Logistics de Corea del Sur se ha hecho con una enorme extensión de tierras agrícolas en Madagascar para el cultivo de alimentos para enviar de regreso a Seúl, en un acuerdo que según se afirma es el mayor de su tipo. La empresa ha arrendado 1,3 millones de hectáreas de tierras agrícolas - aproximadamente la mitad del tamaño de Bélgica - de Madagascar durante 99 años. En este territorio está previsto el cultivo de maíz y de aceite de palma para Corea del Sur. Este acuerdo supone que la empresa tendrá la mitad de las tierras cultivables de Madagascar para proveer de alimentos producto a los surcoreanos.


China, a la compra de América del Sur
La empresa estatal china Heilongjiang Beidahuang State Farms Bussines Trade Group anunció el pasado mes de agosto una inversión de 1.500 millones de dólares para cultivar 330.000 hectáreas de tierra en la Patagonia argentina. El proyecto, que se desarrollará en un plazo de veinte años, implica la puesta en producción de estas tierras hoy improductivas y en manos de pequeños propietarios con vistas a exportar lo producido a China. Se prevé que en la zona se cultive maíz, trigo, cebada, soja, cebolla, patatas, frutos secos y vides.
Así que el fondo de la cuestión es que esta nueva estrategia mundial de acaparamiento de tierras en África está provocando ya un incremento de la inseguridad alimentaria en el continente y un elevado riesgo de que se incrementen la pobreza y el hambre en la región. El responsable del Departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la FAO, Alexander Mueller, subraya como “Los nuevos retos para la seguridad alimentaria mundial y las inversiones globales deben ser abordados a través de una adecuada regulación y con políticas agrícolas y alimentarias bien fundamentadas. Sería útil desarrollar directrices para la gobernanza de la tierra, o un código que regule las inversiones internacionales, con el fin de facilitar la toma de decisiones."
 

domingo, 5 de agosto de 2012

Al volante del cambio

No ha sido la primera mujer saudí en reivindicar el derecho a conducir. Sin embargo, Manal al Sharif se ha convertido en el rostro de la campaña Women2Drive, que desde hace un año promueve que las mujeres se pongan al volante en el único país del mundo que lo prohíbe. El vídeo en el que se la veía manejando un coche por las calles de Al Jobar dio la vuelta al mundo, y con ella en la cárcel. Ahora ha vuelto a dirigirse al rey Abdalá para que acabe con ese anacronismo. “No es solo conducir, es mi derecho a la dignidad”, explica por teléfono desde el Reino de los Hombres Saudíes, como describe su localización en Twitter.
Al Sharif rechaza la etiqueta de activista. “Solo intento cambiar mi realidad, no puedo cambiar el mundo”, declara prudente. Por ejemplo, antes, si la policía moral la paraba y le pedía que se cubriera el rostro, lo hacía y se iba del lugar. “Ahora les planto cara”, asegura esta informática de 32 años, divorciada y madre de una niña de siete, que respeta el hiyab, pero no esconde el semblante.
En Arabia Saudí no existe una ley que prohíba expresamente que conduzcan las mujeres (las beduinas lo hacen fuera de la vista de los clérigos puritanos), pero el país no se rige por una Constitución o leyes escritas, sino por el Corán y la Sunna (la tradición islámica). Así que cuando, en 1990, las precursoras de Manal rompieron el tabú y condujeron a través de Riad, hubo un clérigo que con prontitud emitió una fetua (edicto islámico) tachando de haram (prohibido en el sentido religioso) que las mujeres se pusieran al volante.
Sin embargo, su gesto del año pasado la ha convertido en un símbolo y no solo para las saudíes, también para otras árabes. Prueba de ello es su inclusión entre las 100 personas más influyentes de 2011 de la revista Time, los 100 pensadores más destacados de Foreign Policy, la lista Forbes de mujeres que agitaron el mundo ese mismo año, o como una de las mujeres sin miedo de The Daily Beast. También ha sido uno de los tres galardonados en la primera edición del premio Václav Havel a la disidencia creativa.
“Me siento muy honrada”, admite con modestia. Pero ese reconocimiento internacional contrasta con las dificultades que le ha traído su activismo. Al Sharif fue detenida brevemente el 21 de mayo de 2011, mientras repetía la hazaña al volante que dos días antes había mostrado en YouTube y de nuevo al día siguiente. Pasó nueve días en la cárcel hasta que la dejaron en libertad bajo fianza, un castigo desproporcionado que motivó una acción de Amnistía Internacional y que los observadores atribuyeron al nerviosismo de los gobernantes saudíes ante la primavera árabe.
Adnan al Sale, el abogado de Al Sharif, explica que a su clienta le acusan de “incitar a las mujeres a conducir” y de “aunar la opinión pública”. Al Sharif vive en la provincia Oriental de Arabia Saudí, colindante con esa isla-Estado en la que la mayoría chií se ha rebelado contra la monarquía suní que monopoliza el poder y a la que acusa de discriminación. Los chiíes saudíes, una minoría que se concentra en esa provincia Oriental, también se han manifestado contra su abandono. La familia real ha dejado claro que no está dispuesta a correr riesgos, ni allí ni en el resto del reino.
“Sin duda, no me acusaron de nada; pero, por lo que me dijeron, temían que fuera parte de lo que estaba ocurriendo en ese momento en Bahréin”, confirma.
El pasado mayo, Al Sharif se vio obligada a renunciar a su trabajo como asesora de seguridad informática en la compañía nacional de petróleo Saudi Aramco. No la echaron, pero se sentía cada vez más marginada. Las trabas que pusieron sus superiores a que viajara a Oslo para recoger el Premio Václav Havel fueron la gota que colmó el vaso. Allí explicó su evolución de simpatizante de los islamistas radicales en su juventud a defensora de los derechos de la mujer. El acceso a Internet a partir del año 2000 y los atentados del 11-S le abrieron los ojos.
“Internet hizo que empezara a perder el miedo a que mis creencias impolutas resultaran contaminadas. Luego, cuando Al Qaeda se responsabilizó de los atentados, me di cuenta de que mis héroes solo eran terroristas sangrientos, cuenta.
¿Qué le pide al monarca en su nueva carta abierta? “Lo mismo que en la anterior, hace un año: protección para aquellas mujeres que necesiten conducir”, responde convencida de que “las saudíes van a hacerlo en cualquier caso, antes o después”. A mediados del pasado junio, también cientos de sus compatriotas firmaron una petición al rey respaldando el derecho a ponerse al volante para marcar el aniversario de la campaña Women2Drive.
La reivindicación no es nueva. Ya en 1990, a raíz de la presencia de mujeres entre las tropas estadounidenses que acudieron al reino para repeler la invasión de Kuwait por las fuerzas iraquíes, medio centenar de saudíes se animaron a conducir por el centro de Riad. Tras pasar 24 horas en comisaría, las autoridades les confiscaron los pasaportes y algunas perdieron sus trabajos. No fue hasta 2007 cuando la Asociación para la Protección y Defensa de los Derechos de las Mujeres en Arabia Saudí, fundada por Wajeha al Huwaider y Fawzia al Uyyoni, volvió a abordar el tema en una petición al rey Abdalá que reunió 1.100 firmas. Al año siguiente, en el día internacional de la mujer, Al Huwaider se grabó conduciendo y colgó el vídeo en YouTube. El último hito ha sido la presencia de mujeres saudíes en los Juegos Olímpicos de Londres.
Pero Al Sharif en su carta no le solicita permiso “porque no hay ninguna ley que lo prohíba”. En efecto, los más conservadores se oponen a que las mujeres conduzcan por un trasnochado temor a que se mezclen con el sexo opuesto y, sobre todo, a su independencia. Amparado en la tradición y su particular interpretación del islam, el reino impone una estricta segregación de sexos en la vida pública y su legislación considera a las mujeres eternas menores que requieren un tutor masculino, el guardián, durante toda su vida. De ahí las dificultades de movilidad de las saudíes, de las que la imposibilidad de conducir es solo la más visible.
“Lo que intentamos es animar a las autoridades a que protejan a las mujeres que conducen porque no hay transporte público y los chóferes privados resultan muy caros para la mayoría”, elabora Al Sharif, que trata de evitar la confrontación.
De momento, la campaña ha servido para “concienciar a la gente”. Cuenta satisfecha cómo este año dos de las telenovelas de Ramadán han abordado el derecho de las mujeres a conducir. “El año pasado, uno de los canales más populares lo intentó y fue censurado. Era un tabú y ahora la gente está hablando de ello”. Aun así reconoce que, a pesar de las promesas de promoción de la mujer hechas por el rey en septiembre del año pasado, “los cambios se están produciendo muy despacio” y solo bajo la presión de la gente.
“Si paramos ahora [las autoridades], no harán nada más”, señala. Pero sus objetivos no se limitan a conducir. “La campaña Mi Derecho a la Dignidad busca la plena ciudadanía de las mujeres”, subraya, sabedora de que es un largo camino plagado de obstáculos, pero convencida de que es una cuestión de tiempo. “La gente está cambiando a nuestro alrededor. No podemos limitarnos a hablar. Necesitamos actuar”, justifica.