sábado, 31 de marzo de 2012

Soy Yusuf, Padre


محمود درويش
أنا يوسف يا أبي
 
أَنَا يُوسُفٌ يَا أَبِي.
يَا أَبِي، إِخْوَتِي لاَ يُحِبُّونَنِي،
لاَ يُرِيدُونَنِي بَيْنَهُم يَا أَبِي.
يَعْتَدُونَ عَلَيَّ وَيَرْمُونَنِي بِالحَصَى وَالكَلاَمِ.
يُرِيدُونَنِي أَنْ أَمُوتَ لِكَيْ يَمْدَحُونِي.
وَهُمْ أَوْصَدُوا بَابَ بَيْتِكَ دُونِي.
وَهُمْ طَرَدُونِي مِنَ الحَقْلِ.
هُمْ سَمَّمُوا عِنَبِي يَا أَبِي.
وَهُمْ حَطَّمُوا لُعَبِي يَا أَبِي.
حَينَ مَرَّ النَّسِيمُ وَلاَعَبَ شَعْرِيَ
غَارُوا وَثَارُوا عَلَيَّ وَثَارُوا عَلَيْكَ،
فَمَاذَا صَنَعْتُ لَهُمْ يَا أَبِي?
الفَرَاشَاتُ حَطَّتْ عَلَى كَتِفَيَّ،
وَمَالَتْ عَلَيَّ السَّنَابِلُ،
وَالطَّيْرُ حَطَّتْ على راحتيَّ.
فَمَاذَا فَعَلْتُ أَنَا يَا أَبِي،
وَلِمَاذَا أَنَا?
أَنْتَ سَمَّيْتَنِي يُوسُفًا،
وَهُمُو أَوْقَعُونِيَ فِي الجُبِّ، وَاتَّهَمُوا الذِّئْبَ;
وَالذِّئْبُ أَرْحَمُ مِنْ إِخْوَتِي..
أَبَتِ! هَلْ جَنَيْتُ عَلَى أَحَدٍ عِنْدَمَا قُلْتُ إِنِّي:
رَأَيْتُ أَحَدَ عَشَرَ كَوْكَبًا، والشَّمْسَ والقَمَرَ، رَأَيْتُهُم لِي سَاجِدِينْ?
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Mahmoud Darwish


Soy Yusuf, padre 

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Traducción del árabe por María Luisa Prieto
 
Soy Yusuf, padre.
Mis hermanos no me quieren,
no me desean entre ellos, padre.
Me agreden, me lanzan piedras e insultos.
Quieren que muera para hacerme un panegírico.
Me han cerrado la puerta de tu casa,
me han echado del campo,
han envenenado mis uvas
y han destrozado mis juguetes.
Cuando la brisa ha acariciado mi pelo al pasar,
me han envidiado y se han revuelto contra mí y contra ti.
¿Qué les he hecho yo, padre?
Las mariposas se han posado sobre mis hombros,
las espigas se han inclinado hacia mí
y los pájaros han volado sobre mis manos.
¿Qué he hecho yo, padre,
y por qué yo?
Tú me has llamado Yusuf
Y ellos me han arrojado al pozo y han acusado al lobo.
Y el lobo es más clemente que mis hermanos,
padre. ¿Acaso he ofendido a alguien cuando he dicho que
he visto once astros, el sol y la luna, y que los he visto
prosternados ante mí?



* (Del poemario: Menos rosas (1986)

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viernes, 30 de marzo de 2012

Tawfiq Ziyad y el Día de la Tierra

Tawfiq Ziyad (en árabe توفيق زيّاد , en hebreo תאופיק זיאד, Nazaret, 7 de mayo de 1922Valle del Jordán, 5 de julio de 1994) poeta y político palestino.
Nacido en Galilea, estudió literatura en Rusia y al regresar a Palestina fue elegido alcalde de Nazaret en 1973 con el partido político Rakah.
De joven se afilió al partido comunista y desde 1948 luchó política y literariamente a favor de los derechos de los palestinos. Fue miembro de la Knéset y alcalde de Nazaret hasta su muerte en un accidente de coche en 1994.
Zayid disfrutó de una gran popularida y el 30 de marzo de 1976 lideró «el día de la tierra» (día de la Intifada Nacional) a pesar de la oposición de los comités locales. Literariamente, destaca por su poesía directa y representa un de los máximos exponentes de la obra lírica de la Resistencia palestina. Rotundo, poco ortodoxo, poderoso, su estilo contundente va dirigido a un interlocutor relacionado con su pueblo con objetivo de reivindicar justicia y libertad.
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36 años después el pueblo palestino sigue sin poder celebrar el Día de la Tierra en paz.. 
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La violencia estalla entre palestinos e israelíes en el Día de la Tierra
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Poco después del rezo del mediodía, cerca de un millar de jóvenes marcharon hasta el checkpoint de Kalandia, a las afueras de la ciudad palestina de Ramala. Con su protesta, secundaron lo que los activistas propalestinos han llamado la Marcha global hacia Jerusalén, que anualmente celebra el Día de la tierra palestino. La marcha de Kalandia, que en seguida se tornó violenta se repitió simultáneamente en otros puntos de acceso a Jerusalén y de Gaza, Cisjordania y en los vecinos Líbano y Jordania. La idea era dotar de mayor visibilidad a la alicaída causa palestina, semiolvidada por los grandes actores internacionales, ocupados con las revoluciones democráticas que florecen en la región.
El Ejército israelí se empleó a fondo para dispersar las protestas, que dejaron un palestino muerto en Gaza y más de un centenar de palestinos heridos en el resto de los territorios palestinos, según fuentes médicas y de los organizadores. Desde el inicio de la protesta, el paso de Kalandia se convirtió en una lluvia de pelotas de goma, gases lacrimógenos y skunk, el líquido fétido y pegajoso que los cañones militares israelíes escupen en este tipo de manifestaciones. Un pitido ensordecedor, que emanaba de una máquina que emite ondas sonoras de alta frecuencia completó el elenco de métodos a los que recurrió el Ejército.
Los manifestantes tiraron piedras a los soldados y quemaron neumáticos y basura. Los jóvenes más osados trataron de alcanzar el muro de hormigón israelí que rodea Ramala,- ciudad sede del Gobierno palestino- enarbolando banderas palestinas. Un reguero de ambulancias palestinas fue evacuando a los heridos a medida que la violencia se recrudecía en torno al paso fronterizo. Mustafa Barguti, el líder de la plataforma política Iniciativa fue uno de los manifestantes que resultó herido en Kalandia. Desde la cama del hospital en el que fue ingresado, Barguti explicó a los organizadores de la marcha que tiene heridas en la cabeza causadas por el impacto de un bote de humo del Ejército, mientras que portavoces militares aseguraron que el político fue herido por los propios palestinos.
“Estamos satisfechos con lo que ha sucedido hoy. Hemos conseguido hacer llegar el mensaje en contra de la ocupación y dejado de manifiesto la violencia por parte de los soldados israelíes”, consideró Saeed Yaquin, uno de los organizadores. “[Los israelíes] Han llenado nuestras ciudades de checkpoints desde primera hora de la mañana y aún así, la gente no se ha quedado en casa; han salido a protestar”, añadió. Pese a la visibilidad que logró la protesta, los números fueron mucho menores de los esperados por los organizadores.
Cisjordania quedó ayer cerrada a cal y canto. Los soldados habían recibido órdenes de no permitir a ningún manifestante acercarse a los muros y vallas que separan a Israel de sus vecinos. En Gaza se mantuvo el habitual cierre de fronteras. Un palestino de 20 años murió por los disparos del Ejército cuando se acercó junto a otros manifestantes al extremo norte de la franja, según los servicios médicos de Gaza.
En Jerusalén, los choques entre fuerzas de seguridad y manifestantes estallaron en torno a la ciudad Vieja y en las inmediaciones de la mezquita de Al Aqsa. El rezo en la Explanada de las mezquitas quedó prohibido para los hombres menores de 40 años a los que no se les permitió acudir a la oración. Policías montados a caballo dispersaron a la fuerza a la multitud concentrada frente a la puerta de Damasco, en la parte palestina de la ciudad, mientras los helicópteros sobrevolaban la ciudad durante buena parte del día.
Palestinos e israelíes se disputan Jerusalén, cuya parte oriental fue anexionada por Israel en 1967. Los palestinos aspiran a que convertir Jerusalén Este en la capital de su futuro Estado, mientras que los Israelíes desean conservar ambas partes de la ciudad que consideran indivisible.
Hubo también marchas en Jordania y en Líbano y según recogió la agencia France Presse, más de 10.000 manifestantes acudieron a la cita con el día de la Tierra en las zonas fronterizas con Israel.
Con las marchas de los palestinos conmemoraron las protestas de marzo de 1976, cuando miles salieron a la calle para protestar por la confiscación de tierras en la Galilea. Seis palestinos murieron en las protestas en aquella ocasión.

lunes, 26 de marzo de 2012

El asesino solitario de Kandahar

Enceguecido por el Medal Of Honor, esa madrugada era como estar tras una consola, el fuego de los disparos encendían la pantalla, detrás de cada mujer y anciano un terrorista, el tenía que tomar una decisión, en un recuadro aparecen las fotos de los camaradas muertos, de los niños suplicando por su padre en el Word Trade Center, ¡Qué mueran todos!
Las ráfagas callaron, el olor penetrante de la pólvora saliendo de su fusil impregna el uniforme pixelado, combinado con el fuerte olor a alcohol. No hay remordimiento, no hay arrepentimiento, eso no lo enseñan en el Ejército, regresa caminando a la base, sus compañeros oyeron los disparos, y conocían al sargento, y sabían lo que estaba haciendo y no hicieron nada.
La sangre todavía no se había secado en las paredes y pisos de las casas donde pisó aquel sargento del ejército norteamericano cuando disparo indiscriminadamente contra niños, ancianos y mujeres.
El avión no había pisado tierra norteamericana, cuando los voceros ya tenían el guion en la mano, un hombre con fatiga de combate y que había visto morir a sus camaradas se dispuso en solitario a masacrar a las personas que él creía eran parte del enemigo.
Su nombre, a cuatro días de haberse producido el hecho, no ha sido divulgado y por supuesto no contará con un juicio civil ni en Afganistán ni tampoco en Estados Unidos.
Creo que poco podemos abundar en relación a los marcos de impunidad con el que el Imperio se mueve en el mundo bajo su dominio, a tal punto que los miembros de sus fuerzas armadas no pueden ser tocados por la justicia.
Siempre es el solitario, el trastornado mental, la manzana podrida, la excepción a la regla, el que no representa la bravura de su noble ejército, ese que recurre a un drone conducido desde Estados Unidos para acabar con una aldea del otro lado del mundo.  Es claro que aquel acto atroz no fue producto de la locura, esta no aparece de la noche a la mañana y el sargento llevaba 4 años realistándose, o por lo menos las muertes que él tiene sobre sus hombros, antes de lo sucedido en Kandahar, legitimas para el imperialismo como todas aquellas que se dieron en pro de la democracia occidental.
¿Cinismo llevado a la máxima expresión? Cuando surge nuevamente el ardid publicitario del “asesino solitario”, o el “desequilibrado mental”, con ello la institución se aparta del hecho que contradice el sentido original de implementar la democracia y la justicia.
El sargento tenía razones atenuantes para hacer lo que hizo, para él no van a ver acusaciones de homicidio múltiple, para el hombre sin rostro y sin nombre, habrá un juicio a puerta cerrada, una condena risible, dos o tres años de asistencia psicológica en el Hospital John Reed.
La condena popular en Afganistán es opacada por las amenazas terroristas contra el pueblo norteamericano de venganza, se activa la alerta terrorista, el público sigue sin saber porque otra vez son amenazados por los “barbudos de cabeza tapada”.
El soldado sin rostro “no es terrorista”, sólo siguió órdenes, no tiene la culpa, pues  cumple cumplía instrucciones y las anteriores muertes a su cargo “fueron en el cumplimiento de su deber”;“era para evitar un mal mayor contra el pueblo norteamericano”, el gobierno ha callado a sus detractores en Afganistán recordándoles que no habría Estado sin el dinero norteamericano y sin las tropas, la idea fugaz de justicia desapareció, “democracia no significa justicia”, sino el producto que vende Estados Unidos; o “la justicia no implica castigo”, después de la pantomima de juicio que va a recibir la muestra significante de locura de muerte del Ejército Norteamericano.
¿Ya fueron vengados los muertos del Word Trade Center? ¿Esto era lo que querían las familias de las víctimas? ¿Si aquella es una guerra justa, qué se pretende ganar ahora? La democracia, de ser un concepto etéreo y abstracto ahora es un insulto, uno que se emitió con una orden de retiro de un asesino a la mitad de la mañana en vuelo directo para Estados Unidos, uno que el mismo Estado norteamericano no quiere desvelar porque teme que, al igual que otros, no muestre arrepentimiento, sino convencimiento de que lo que hizo fue correcto, tal y como le enseñaron.
A partir de este incidente, me adentre en las redes de Youtube y observé varios videos subidos por veteranos de la OTAN sobre los supuestos combates contra los talibanes, y a cada disparo un grito de éxtasis, la adrenalina al máximo, todas las tomas mostrando la bravura de los marines frente a un enemigo del siglo XVI. "No hay reconocimiento ni compasión para el enemigo porque ellos volaron las Torres y Hollywood se encarga de recordarlo en el cine y la televisión".

viernes, 23 de marzo de 2012

Sherry Jones

Efectivamente el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y este ha sido mi caso. Me aventuro a leer el segundo libro de la trilogia de la periodista norteamericana Sherry Jones "Aisha y Alí" después de que "La joya de Medina" me pareciera una catástrofe. Parece ser que ya había olvidado que en el momento de leerlo me pareciera que el escándalo ocurrido hace 25 años con la publicación de "Los versos satánicos" de Salman Rushdie iba a quedar en nada comparado con lo que esta nueva novela iba a provocar. Al final la cosa no quedó en nada a parte de una pequeña explosión en la casa de su editor en Gran Bretaña y algunas críticas más, y que se ha perdonado el atrevimiento de la señora Jones tras reconocer que no pretendía escribir una novela basándose en hechos 100% contrastados ya que su conocimiento de la lengua árabe no daba para más. 
Pero mi curiosidad me ha superado y vamos a ver que nos encontramos en esta entrega.. Aunque mis espectativas son bastante flojas, ya que una vez muerto el Profeta la historia no podrá seguir por ese camino erótico y picante que tanto gusta y excita a Occidente de todo lo que viene de "Oriente". Obviamente algo que la autora conocía bien y en lo que vió la clave para que se vertiera la polémica en su libro desde el primer momento y se conviertiera en un "casi"  best seller en muchos países. Personalmente en muchas ocasiones tuve que interpretarlo en un tono humorístico ya que no podía creer lo que estaban viendo mis ojos.. Esa Aisha casada siendo una niña, a la que posteriormente se la representa como una "buscona" que busca el deseo de Mahoma desesperamente, y a la que éste como si hubiera nacido ayer perdona cosas tan inverosímiles como sus encuentros con un chico de su pueblo enamorado de ella y se limita a regañarla como si simplemente se le hubiera quemado el guiso ese día.. todo muy chistoso, y más se rie Sherry Jones cuando se da cuenta de la moto que nos ha vendido y lo estúpidos que somos de no darnos cuenta.
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Aisha, la esposa favorita de Mahoma y uno de los personaje claves del Islam, protagoniza La joya de Medina, una recreación literaria de la infancia y adolescencia de la mujer que se convirtió en la primera califa del profeta. Ideada como una novela de corte histórico rebosante de sensualidad, el libro se ha situado en el ojo del huracán de una polémica literaria que su autora, la norteamericana Sherry Jones, relaciona con el carácter y la personalidad de su protagonista, a quien considera “una mujer dura y revolucionaria, seguramente la primera feminista de la historia”.
Pocas novelas históricas han relatado el mundo islámico desde una perspectiva occidental. Pocas, o más bien ninguna, hasta la espectacular aparición de la periodista Sherry Jones en el mundillo literario. La polémica sobre La Joya de Medina, primer volumen de una trilogía sobre el papel de la mujer en el momento fundacional del Islam, ha acaparado la atención mediática esta temporada. Su editor estadounidense, Random House, renunció a lanzar la novela pocas semanas antes de su publicación por temor a las represalias de grupos islamistas radicales. Obviamente, el hecho de que el gran gigante editorial censurara una obra literaria de un modo tan público no podía pasarse por alto y la noticia se apoderó de los espacios de actualidad cultural de un modo poco habitual, asegurándole a Sherry Jones un buen puñado de titulares solidarios.
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¿Pornografía blanda?

La polémica no hizo más que magnificar la supuesta ofensa al Islam, protagonizando así la enésima diatriba entre los movimientos musulmanes radicales y los abogados de la libertad de expresión occidental. Lamentablemente, en cuestión de semanas la historia culminaba de un modo un tanto inesperado cuando un grupo de encapuchados hizo estallar una bomba en la casa londinense de Martin Rinja, propietario de Gibson Square, que iba a editar la novela. Gibson Sq. es conocido por ser uno de los sellos más arriesgados del mundo editorial británico, como demuestra el hecho de que fueron los editores de la crónica del espía ruso Boris Litvinenko, Blowing Up Russia.
Por suerte, el ataque no pasó a mayores y apenas se contaron desperfectos materiales. Pero la noticia despertó a la crítica inglesa, que empezó a comparar el caso de Jones con el de Salman Rushdie y sus Versos Satánicos, cuya publicación en 1989 provocó el lanzamiento de una fetua en su contra y el asesinato del traductor japonés de la obra. Rushdie se dio por aludido e incluso llegó a emitir un comunicado en el que expresaba que, pese a que no había leído el libro, lamentaba que la decisión de Random House de censurar la novela fuera “a causa del miedo, sentando así un mal precedente.” En su defensa han aparecido también los que han comparado la transgresión de su obra con las recientes polémicas de Marjane Satrapi y su magnífico Persépolis o Shelina Zhara, la joven que acapara portadas en la Gran Bretaña con su debut Love in a Headscarf, apodada de manera unánime como la primera novela de “muslim chick-lit”. Ante tal despliegue de medios, Jones sigue pidiendo calma y respeto por su obra ahora que ésta ve la luz en España a través de Ediciones B: “Lo único que pido es que la gente lea el libro antes de opinar. Si lo hacen verán que es un libro respetuoso con el personaje y su historia, que intenta romper con los prejuicios del mundo occidental con el Islam”.
Jones parece tranquila y se muestra muy agradecida con la respuesta de la prensa aunque, según explica, ésta no ha incidido lo suficiente en el motivo por el cual se censuró su libro en Estados Unidos. El origen de esta historia se encuentra en el informe que realizó la académica y especialista en historia del Islam Denise Spellberg, de la Universidad de Texas, para su editorial. Jones le envió el manuscrito a petición de Random House, que decidió consultar la opinión de varios expertos antes de lanzar la novela. Spellberg recomendó que la mega-editorial americana no publicara el libro, por el que ya había pagado un adelanto, para evitarse problemas, al tiempo que achacaba a la obra una gran “falta de rigor” y la consideraba “pornografía blanda”. Jones explica que la académica “dio su opinión acerca de mi libro como lectora común y no como experta en el Islam. Básicamente, creo que la novela no le gustó estilísticamente y su opinión sobre el libro fue mucho más radical de lo que debía. Entiendo también que se sintió amenazada porque ella es una académica, interesada en la historia y no en la ficción. Mi intención al escribir este libro era acercar el personaje de Aisha al gran público de un modo accesible y justo, no escribir un tratado de historia en el que los hechos se relataran de un modo aséptico y objetivo.”
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Símbolo de resistencia
Sin embargo, y sin querer restar importancia al comentario de Jones sobre el tema, cabe comentar que, tal y como señala Spellberg, La joya de Medina es una novela histórica fruto de una investigación menos minuciosa de lo que cabría desear. Como confiesa la autora, su árabe no es lo bastante bueno como para permitirle leer textos de manera directa y el proceso de documentación se ha limitado “a las pocas traducciones que existen en inglés de textos históricos sobre los inicios del Islam”. Otra cosa muy distinta es que esa supuesta falta de rigor sea relevante a la hora de juzgar una novela cuyo mayor mérito reside en la invención de una Aisha fascinante, mitad heroína de las Brontë y mitad femme fatale de cine negro, tan deudora de Germaine Greer como de la sensualidad exuberante de Las mil y una noches.
La Joya de Medina presenta a Aisha como un símbolo de la resistencia de la mujer en una sociedad patriarcal con la imprecisión del que sabe que tiene una buena historia entre manos y se deja llevar por el entusiasmo, olvidando quizás que escribir un libro es un acto de responsabilidad personal. Jones es perfectamente libre de utilizar cuantas trampas y artilugios literarios desee, siempre y cuando esté dispuesta a asumir lo que esta responsabilidad comporta –bien sea una mala crítica o toneladas de atención mediática–.

jueves, 22 de marzo de 2012

Alá no está obligado

Ahmadou Kourouma, escritor marfileño (1927-2003) de origen malinké, uno de los grupos étnicos de África occidental. Educado por uno de sus tíos estudió en Bamako, Malí. De 1950 a 1954, durante la colonización francesa, se incorporó a los ‘Tiradores senegaleses’ antes de trasladarse a Francia para estudiar matemáticas en Lyon.
En 1960, después de la independencia de Costa de Marfil, regresó a vivir en su país de origen, en el régimen del presidente Félix Houphouët Boigny y fue detenido por sus ideas.
En 1970 publicó su primera novela, Los soles de la independencia, y 20 años más tarde, Ultrajes et défis. En 1994, Esperando el voto de las fieras, con el cual ganó el Prix du Livre Inter (premio literario creado en 1975. En 2000 publica Allah n’est pas obligé (Alá no está obligado) con la que ganó el premio Renaudot creado en 1926 por periodistas y críticos literarios.
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 "El África sin voz tan sólo es un campo de fútbol. Hay dos equipos, siempre los mismos, y los dos blancos", dijo en una ocasión el escritor francés Albert Londres. "Uno de ellos lleva los colores de la Administración; otro, los colores del hombre de negocios; el negro hace de balón". En 1929, Albert Londres, uno de los mejores y más lúcidos reporteros del mundo convulso de entreguerras, tras uno de sus viajes, publicaría un violento alegato contra la colonización blanca en África titulado Terre d'ébène (Le Serpent à Plumes, 1998). Los insultos con los que sería obsequiado no se harían esperar: mestizo, judío, embustero, enano, canalla, vil autor de folletones, ingrato, denigrador de la obra francesa, recogedor de colillas. Desde entonces, desde los años de la colonización, la situación sigue siendo la misma. El africano sigue siendo invariablemente la misma pelota, pero los canallas que dan las patadas han ido cambiando según las épocas. Están, por un lado, los regímenes dictatoriales y de vulgares bandoleros que se han matado entre ellos y que, por otro, se han repartido y han expoliado sin piedad sus respectivos pueblos, la misma, eterna, pelota de siempre. Dictadores y saqueadores perpetuados en etapas devastadoras para su continente, como la de la Guerra Fría, a la que seguiría otra no menos cruenta, que sumió a sus poblaciones en un caos sin precedentes. Esta nueva plaga es la de las feroces guerras tribales, en las que se inventan nuevos y peculiares ejércitos, ejércitos desarraigados y drogados, criados en una insaciable cultura de la muerte y enfurecidos por un difuso combate generalizado y por el terror común, abismal, a "los comedores de almas". Ejércitos cuyos uniformes fantasmales colgaban de manera ridícula y a los que se les había entregado un Kalachnikov como único y mortífero juguete. Sus inexpugnables campamentos en la selva estaban rodeados de estacas rematadas con calaveras ("la guerra tribal lo quiere así"). Estamos hablando de los llamados "niños-soldados", el atroz tema y la figura protagonista autóctona escogida por el más célebre escritor actual de la francofonía africana, nacido en 1927, en Costa de Marfil, Ahmadou Kourouma, para su estremecedora novela, Alá no está obligado ("no está obligado a atender las plegarias de todos los pobres hombres", como reza el proverbio del Islam negro).
Y este es el marco histórico (guerra, destrucción, hambre, desarraigo, odio y xenofobia tribal, corrupción, superstición, ejércitos de niños, ablaciones en masa, tortura y rituales de antropofagia) en el que se sitúa la acción de la novela de Kourouma. Pero lo insólito es la voz torpe, atropellada, acostumbrada a todo, "sin miedo", que lucha con los diccionarios de los colonizadores a los que tiene que adaptar su inimaginable realidad y que, gracias a ello, a esos utensilios simples, extranjeros y aproximativos, narra como puede toda esa cadena de atrocidades, sin un final previsible y cercano, de la que ha sido testigo. Esta voz es la de Birahima, un niño de la calle, un niño soldado, un malinkés criado en la religión coránica, que atraviesa junto a un musulmán cojo, fabricante de fetiches, dos países inmersos en apocalípticas guerras tribales, la de Liberia, y más tarde la de Sierra Leona, con su encarnizada batalla por el control de los diamantes.
Ser huérfano es una desgracia incuestionable en cualquier cultura, pero será precisamente eso lo que librará al pequeño Birahima del privilegio de llegar al grado extremo de su condición de niño soldado: convertirse en un cachorro de "licaón revolucionario", es decir, de niños soldados encargados especialmente de las "tareas inhumanas". Cuando uno de los generales, amos absolutos en sus reinos infernales de la selva cercana a Freetown, le pregunte al pequeño Birahima por sus padres y le conteste éste que están muertos, el brutal exterminador le dirá: "No tienes suerte, nunca podrás convertirte en un buen cachorro de licaón revolucionario. Tu padre y tu madre ya están muertos. Para convertirte en un buen cachorro es necesario matar con las propias manos ¿me comprendes? matar a uno de tus propios padres, padre o madre, y luego ser iniciado". La explicación dada es simple: "En las guerras tribales se necesita un poco de carne humana. Eso endurece el corazón y protege contra las balas".
En este libro la sangre, raudales de sangre, fluye sin contención de ninguna clase, como un grifo abierto que nadie puede cerrar. Historias que dejan sin respiración y que muchas veces, como en el caso de la historia del cruel dictador Doe, son completadas por testimonios cercanos, como los que conocíamos a través del espléndido libro de Ryszard Kapuscinski, Ébano (Anagrama, 2000). Cuando Kapuscinski fue a Monrovia, el casete más vendido en los mercados era el que mostraba cómo se había torturado hasta la muerte, cortándolo a trozos, al feroz Samuel Doe. Para contemplar la tortura de dos horas de duración, la gente tenía que hacerse invitar por los vecinos más acomodados, con vídeo, o acudir a aquellos bares donde el casete estaba puesto siempre... Una escena que nos devuelve, fatalmente, al principio de estas líneas: una televisión que retransmite un juego macabro, en el que dos equipos, o más, se disputan una pelota, y en el que la pelota son siempre los mismos seres humanos, a los que Alá no siempre tiene la obligación de defender. 

domingo, 18 de marzo de 2012

Kony y otras guerras sucias

Ninguna guerra es limpia. Ni tan siquiera las que libra Estados Unidos con su sofisticada tecnología militar, y ahí está para recordarlo la reciente matanza de 16 civiles afganos por un soldado norteamericano. No obstante, el lenguaje político y mediático contemporáneo ha acuñado el término de “guerras sucias” para referirse a aquellas en las que no hay en liza ejércitos nacionales, en las que los fines de los contendientes y los frentes de batalla no son claramente identificables, en las que no se hace el menor esfuerzo por distinguir entre combatientes y civiles, en las que, por el contrario, los civiles se convierten en blanco preferente y son tratados con sádica crueldad. En los últimos lustros, África se ha convertido en el escenario por excelencia de estas guerras sucias.
El miércoles pasado, el Tribunal Penal Internacional de La Haya emitió su primer veredicto en diez años de existencia: declaró culpable al señor de la guerra congolés Thomas Luganba del delito de reclutar niños soldado para sus brutales campañas de limpieza étnica. Luganba fue jefe de la Unión de Patriotas Congoleños (UPC), una milicia que hacia 2002-2003 intentó hacerse con el control de la región de Ituri, una de las mayores reservas de oro del mundo.
La sentencia sienta un precedente que podría ser usado contra Joseph Kony si es capturado y presentado ante el tribunal de La Haya. Kony, un señor de la guerra ugandés, es ahora una celebridad internacional gracias a la campaña en su contra de la ONG norteamericana Invisible Children, la de crecimiento más rápido y viral en la historia de Internet.
Desde finales de los años ochenta, Kony lidera el Ejército de Resistencia del Señor (LRA en sus siglas en inglés). El LRA comenzó como una milicia que luchaba por los derechos del oprimido pueblo acholi y por un Gobierno basado en los 10 mandamientos bíblicos. Como en el caso del congoleño Luganba y el UPC, la especialidad criminal de Kony y los suyos ha sido el secuestro de niños para usarlos como soldados o esclavas sexuales. También, la mutilación de labios, orejas o narices de sus víctimas.
Hoy el LRA cuenta con unos 300 combatientes, ya no es activo en el norte de Uganda y se ha trasladado al noreste de la República Democrática del Congo, un corazón de las tinieblas selvático donde campan por sus anchas diversas bandas, guerrillas y milicias. En diciembre de 2009, las huestes de Kony mataron a 300 personas cerca de una pequeña ciudad llamada Niangara (Congo); la mayoría fueron apaleadas hasta la muerte, otras fueron estranguladas o macheteadas y unas pocas tiroteadas.
La campaña Kony 2012 ha despertado una gran polémica. Sus críticos le reprochan “simplismo” en sus contenidos, “paternalismo” en su enfoque y “comercialidad” en sus recursos narrativos. Sus partidarios argumentan que ha conseguido que millones de personas en el planeta conozcan la existencia de Kony y de sus víctimas. Tal vez, señalan, acciones como esta sean el único modo de que los dramas africanos lleguen al gran público. Esta misma semana, George Clooney ha utilizado su notoriedad como actor para denunciar en Nueva York y Washington que el régimen de Sudán sigue asesinando a civiles en las montañas Nuba, continuando así los horrores de Darfur. El viernes, Clooney y otros activistas fueron detenidos cuando se manifestaban frente a la embajada sudanesa.
En efecto, Kony no es un caso único. África sufre una auténtica plaga de guerras sucias. Protagonizadas por bandas, guerrillas, sectas, milicias o grupos fundamentalistas, las hay en Congo, Somalia, República Centroafricana, Burundi, Sudán, Sudán del Sur, Chad, Níger y Nigeria. En The New York Review of Books, comentando el libro Warfare in independent Africa, de William Reno, el periodista Jeffrey Gettleman ha señalado que muchas tienen en común el secuestro de niños para su conversión en máquinas de matar. “Los niños”, escribe Gettleman, “son el arma perfecta: duros, fácilmente manipulables, intensamente leales, sin miedo, y en África constituyen un suministro inagotable. Depender de niños soldado significa depender de la magia y la superstición: se les insta a untarse con aceite de palma de coco como escudo contra las balas”.
Tras la II Guerra Mundial, los africanos se alzaron contra el colonialismo y el apartheid y pagaron un elevado precio de dolor y sangre para conseguir la independencia de sus países. Los nuevos Estados decidieron mantener las fronteras establecidas por las potencias coloniales. Aunque eran arbitrarias, y con frecuencia disparatadas geográfica, étnica y culturalmente, la Organización para la Unidad Africana (OUA) las declaró sagradas. Así se sentaron las bases para que las guerras entre Estados fueran escasas y, en cambio, abundaran las civiles.
Amparados por sus protectores en Washington o Moscú en aquellos tiempos de guerra fría, la mayoría de los líderes africanos no promovieron Estados mínimamente solventes y democráticos, y optaron por tiranías sectarias y corruptas. Es lo que ocurrió en Sierra Leona, en África Occidental, un país rico en diamantes y escenario de una de las guerras sucias más conocidas internacionalmente, la desencadenada en los años 1990 por el Frente Revolucionario Unido (RUF en sus siglas en inglés) de Foday Sankoh. El RUF se haría célebre por la práctica sistemática de la amputación de piernas y brazos para espantar a sus rivales.
En Warfare in independent Africa, William Reno argumenta que las guerras sucias africanas se han disparado tras la caída del muro de Berlín porque Washington y Moscú promovían la unidad de los rebeldes que cada cual apadrinaba. Ahora ningún poder exterior amortigua las tendencias centrífugas; al contrario, traficantes de armas y comerciantes de oro, diamantes y cobalto prefieren exacerbarlas en beneficio propio. El resultado son millones de muertes de civiles y la generalización de horrores como las violaciones masivas de mujeres.
En el archipiélago de fuerzas insurgentes en el África subsahariana, los que aparecen como más motivados ideológicamente y mejor organizados son grupos islamistas como Shabab, en Somalia, y Boko Haram, en Nigeria. En sintonía con los postulados de Al Qaeda, combaten por un califato basado en una tosca lectura del islam.
El movimiento nigeriano, cuyo nombre en lengua hausa significa algo así como “la educación occidental es pecado", estremeció al mundo la pasada Navidad con sus atentados contra iglesias cristianas repletas de fieles. Fundado hacia 2002 por el carismático predicador Mohamed Yusuf en la ciudad de Maiduguri, Boko Haram se radicalizó a partir de que Yusuf fuera capturado y asesinado en 2009 por fuerzas gubernamentales nigerianas.
Como tantas otras, la insurgencia de Boko Haram se enraíza en la historia africana anterior a la colonización, en el califato de Sokoto que gobernó un amplio territorio de lo que hoy son el norte de Nigeria y Níger y el sur de Camerún. Desde la conquista de Sokoto por los británicos en 1903, persiste entre los musulmanes de esa zona una fuerte resistencia a la occidentalización.
“En tiempos anteriores a la colonización —así que tampoco hace tanto—, en África habían existido más de 10.000 países, entre pequeños Estados, reinos, uniones étnicas y federaciones”, recordó el periodista polaco Ryszard Kapuscinski en Ébano. El colonialismo europeo lo dejó en medio centenar de Estados artificiales. Ahora la historia vuelve a África por la puerta de atrás y aquel “fulgurante mosaico” que embriagaba a Kapuscinski con “su versatilidad, su riqueza, su resplandeciente colorido” exhibe en las guerras sucias su rostro más horroroso.

* Publicado por Javier Valenzuela en elpais.com
 

sábado, 17 de marzo de 2012

Una melancolía árabe

“Al hablar de la homosexualidad hablo de la individualidad, de la identidad y de la diferencia”
Hace años el escritor marroquí Abdelá Taia se quitó la máscara y declaró abiertamente en su país que era homosexual, algo por lo que todavía allí se puede ir a la cárcel. Ahora, instalado en París y convertido en uno de los autores más respetados y reivindicativos, publica en España “Una melancolía árabe”.
Las cuatro novelas que ha publicado hasta ahora el escritor marroquí Abdelá Taia tienen un protagonista que se parece mucho, incluso en el nombre, al hombre que nació en 1973 en una barriada popular de Sale, ciudad muy próxima a Rabat, y que hace diez años se trasladó a Francia persiguiendo dos sueños: dedicarse al cine y vivir libremente su homosexualidad, todavía hoy penada con la cárcel en su país natal.
Abdelá trabaja en la actualidad en un estudio cinematográfico y ha hecho de su propia experiencia vital la principal materia prima de su literatura aunque, como destacó el editor de Alberdania Jorge Giménez Bech, “cualquiera puede escribir sobre su vida, pero no está al alcance de todos convertir la narración de la propia experiencia en arte, que es lo que ha logrado Taia”.
Alberdania, que ya publicó en 2007 en castellano y euskera L’armée du salut (El ejército de salvación y Salbazioko armada, respectivamente), animada por la buena acogida de aquella iniciativa y apostando por “las propuestas literarias atrevidas”, acaba de editar las traducciones al castellano, al euskera y al catalán de Une melancolie arabe, publicada el pasado año por la veterana y prestigiosa editorial francesa Editions du Seuil. Gerardo Markuleta y Patxi Zubizarreta se han encargado de convertir la obra original de Taia en Una melancolía árabe y Malenkonia arabiar bat, respectivamente.
Una vez más, el protagonista es Abdelá, que en esta novela «cae y vuelve a levantarse cuatro veces», en Sale, en Marraquech, en París, en El Cairo…Un libro en el que Taia se desnuda y hace de su propia biografía el material para una novela en la que narra la dureza y dificultades de un joven marroquí que despierta a la vida, cae y vuelve a levantarse. Porque, para el autor, “la literatura es una forma de compromiso, de luchar contra el miedo”.
“Lo que me interesa en la literatura -explica  Taia-, es mostrar mis experiencias, mis verdades, en el plano social, político y sexual. Interiorizarlas y volver a reinventarlas para crear planos de distancia”.
“Y en este libro -continúa-, lo importante es la caída de mi cuerpo en cuatro momentos con cuatro resurrecciones”. La historia comienza con una violación al protagonista, que no llega a consumarse, y continúa con la influencia que ha tenido sobre el narrador este hecho frustrado que le llevará a París, Marruecos y El Cairo.
Abdelá Taia se esfuerza por dar toda clase de explicaciones sobre “Una melancolía árabe”, porque quiere, dice, que el retrato, veraz, intimo y desnudo sobre las circunstancias que envuelven a un adolescente homosexual marroquí en un pueblo cercano a Rabat, pobre y humilde, llegue a todo el mundo.
Desde la primera página del libro, el lector acude al relato, en tono intimo y poético, de un adolescente que a mediados de los ochenta persigue el sueño de convertirse en director de cine y que quiere huir de la “vergüenza” de ser un muchacho afeminado. Y para ello, “correr y correr” es la única forma que le queda para afrontar la violencia de su Marruecos natal.
“El protagonista cae, pero se levanta -precisa- porque está en movimiento frente a la inmovilidad del mundo árabe, que no se mueve. En el mundo árabe se encuentran dos movimientos, por un lado esos que generan los violentos nacidos de la frustración y por otro, el estancamiento que genera el poder y su inmovilismo. Yo no vivo la homosexualidad como un problema sino como una circunstancia para ver el mundo de otra manera, fuera del poder y contra el poder”, argumenta.
Según Taia, que ya ha publicado títulos como “Mon Maroc” o “El Ejercito de salvación”, entre otros, la homosexualidad ya se trataba en la literatura árabe hace más de diez siglos, y los grandes profesores hablaban de ello. “La forma de amar de los árabes está influenciada por aquellos poetas de antes del Islam, pero ahora parece que no quieren oír hablar de ello”.
“Marruecos vive muchas contradicciones -sostiene el escritor-. Se practica la homosexualidad de forma importante; todo el mundo sabe que grandes escritores, entre ellos, Paul Bowles, Burroughs, Capote… han venido al norte de África atraídos por jóvenes marroquíes, y mientras se habla de la colonización de occidente y de su impureza, no quieren hablar del tema de cara. Tienen un idea de pureza engendrada por la religión. Buscan una pureza de raza y buscan encarnar un mal y quizá la homosexualidad encarne ese mal”, precisa Taia.
A pesar de ello, Abdelá Taia cree que en Marruecos se están produciendo pequeños cambios, y que lo que hay que hacer es intentar cambiar la mirada, la percepción social; “para ello -advierte- tiene que existir gente que encarne este cambio, que elimine la vergüenza y legitime los derechos a través de la literatura, el cine, la universidad, etc, y yo humildemente quiero contribuir a ello”, concluye.
Escribir para cambiar
Taia, que hace cuatro años dio a conocer su homosexualidad en un acto público que tenía lugar en Marruecos, un atrevimiento poco habitual en un país en el que “oficialmente la homosexualidad no existe» pero, tal como ha escrito el propio Taia, «se vive con mucha naturalidad siempre que se oculte», asume el riesgo de que le consideren un autor vinculado a un único tema. No obstante, asegura que «la homosexualidad no es un gueto, sino una manera de estar en el mundo». En su caso, es también una forma de mirar al mundo y, muy especialmente, al mundo árabe, porque escribe «sobre lo que soy y sobre el mundo al que pertenezco» y cuando erige la homosexualidad en motivo principal de su obra no lo hace «para impulsar un debate sociológico, sino para hablar de la individualidad, de la identidad y de la diferencia, de todas las diferencias, que a muchos les son negadas».
«Los libros deben hablar del sentimiento de diferencia en el mundo», afirma. A los suyos («son cortos, pero me cuesta mucho escribirlos») les reconoce el deseo de inducir al cambio «personal y colectivo», tanto en los contenidos como en la forma de expresarlos, porque «el cambio, la transformación, debe ser validado por el modo de utilizar las palabras». Él, que pese a proceder de un medio muy humilde consiguió finalizar sus estudios de Literatura Francesa, ha optado por el francés, no sin cierto «sentimiento de traición a mis orígenes, porque el francés en Marruecos no es la lengua de mi gente». El suyo es, sin embargo, un «francés en el que el molde del árabe lo impregna todo, porque no creo que hoy en día se pueda escribir como lo hacía Zola» y porque, en su concepción de la literatura, «ésta debe incorporar lo que existe en el mundo».
Taia reconoce que el «estilo fragmentario» de Una melancolía árabe es deudor «del cine y de las instalaciones de video». Su traductor al euskera, Patxi Zubizarreta, destaca, además de la personal mirada de Taia al mundo árabe, su escritura «transparente, cristalina, telegráfica y directa», no muy habitual en la literatura árabe, más dada al ornamento.
Y el autor se prepara para que, en unas semanas, 50.000 ejemplares de un proyecto colectivo que ha promovido (una suma de cartas de escritores de origen árabe), se distribuya gratis entre los jóvenes marroquíes, «a quienes nadie se dirige ni dice nada». Porque, a veces, «en sueños, me creo un héroe».

miércoles, 14 de marzo de 2012

El origen de las migraciones modernas

Otra de las grandes conferencias del economista y activista por la paz Arcadi Oliveras sobre el origen de las migraciones modernas


















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lunes, 12 de marzo de 2012

Kony 2012



¿Conoces a Joseph Kony?”. Es el criminal más buscado por el Tribunal de La Haya desde 2005, responsable de secuestros de niños, convertirlos en soldados, someterles a la esclavitud sexual… Campaba a sus anchas en Uganda y ahora siembra el terror en países vecinos. Sacarle a la luz y obligar a los Gobiernos a ponerle a buen recaudo es el objetivo de la campaña ‘Kony 2012’, un vídeo viral de 29 minutos rodado por un documentalista que se topó hace 9 años con el horror de cientos de niños huyendo abandonados y que ahora, a través de la ONG ‘Invisible Children’ ha revolucionado la red: 53 millones de visitas en cinco días que lleva el documento colgado en Youtube.
Kony, el líder del mesiánico Ejército de Resistencia del Señor ha secuestrado desde 1987 a más de 20.000 niños, principalmente en Uganda, a muchos de los cuales obligó a matar a sus propios padres antes de reclutarlos como soldados para su ‘ejército’. El responsable de la organización Invisible Children, un documentalista que conoció en África el drama de los niños soldado, prometió a uno de ellos hacer algo para acabar con su abandono.
El documental arranca con el nacimiento del hijo del documentalista, a quien narra la historia de Joseph Kony. Igual que el niño no sabe quién es ese asesino, el vídeo pretende ‘hacer famoso’ a este asesino para obligar al mundo a atraparlo. En las imágenes se narra la historia de uno de estos niños, que pide al ‘blanco’ que si no va a sacarle de allí, mejor le mate. Ha visto cómo los soldados de Kony cortaban el cuello a su hermano por intentar huir… El llanto no le deja concluir.
Los activistas de Invisible Children se movilizaron en Estados Unidos, se reunieron con políticos republicanos y demócratas, y todos les convencieron que si no hacían visible a Kony como un problema de opinión pública, la administración no movería un dedo. Manos a la obra: han reclutado a personalidades famosas (Angelina Jolie, George Clooney, Ronaldo, Oprah Winfrey) para que ellos usen su ‘visibilidad’ para dar a conocer a este ‘monstruo’. También a políticos para que pongan en su ‘agenda’ la prioridad de detenerlo. Consiguieron que Obama destinara a cien asesores militares a Uganda para atraparlo, pero el tiempo pasa y Kony se movió más allá de las fronteras ugandesas.
El tiempo corre, y si Kony vuelve a pasar al anonimato, a dejar de estar en las preocupaciones de la ‘agenda’, los cien asesores serán retirados y el Ejército de Resistencia del Señor habrá ganado. Por ello se hizo este video que arrasa en YouTube y que, desde el pasado lunes en que fue colgado, ya ha recibido más de 53 millones de visitas, fundamentalmente de jóvenes y adolescentes que, ahora sí, saben quién es Kony y se lo trasmiten a sus amigos por la red y lo comentan a sus padres.
La organización Invisible Children avisa que el vídeo desaparecerá el 31 de diciembre de 2012. Antes hay que atrapar a Kony gracias a la movilización y a la presión de la opinión pública movilizada en Internet. El 20 de abril piensan empapelar las ciudades de Estados Unidos con pegatinas y póster de Kony (elaborados por el mismo publicista que hizo el célebre pastiche en rojo y azul de Obama para su candidatura presencial): el objetivo, hacer visible a Joseph Kony y todo el mundo se pregunte cómo es posible que siga, 25 años después, libre y aterrorizando a los niños de Uganda.
Como un gran producto de marketing que es, el movimiento se financia a través de un ‘kit’ que incluye dos pulseras con el emblema ‘Kony 2012’, algo que ha provocado las críticas de otras ONGs. Sin embargo, el resultado final se verá cuando acabe el año: si Kony ha sido detenido por estar bajo los focos permanentes de este movimiento viral, habrá merecido la pena.
Pero no nos olvidemos de que los criminales de guerra no sólo estan en África..



domingo, 11 de marzo de 2012

Fatima Mernissi

La escritora marroquí Fátima Mernissi (Fez, 1940), Premio Príncipe de Asturias de las Letras, lleva muchos años abriendo el camino de la democracia, no sólo en su país sino en todo el mundo islámico, por medio de un feminismo que reivindica derechos y, sobre todo, reconocimiento tanto político como religioso.
Mernissi publicó hace algún tiempo el libro Las sultanas olvidadas. Con él pretendía hacer ver que la costumbre no hace dogma y que, en la historia del islam, no siempre la mujer estuvo apartada del poder; al contrario, hubo casos en los que lo ejerció de muchos modos. En el libro resaltan dos ejemplos: el primero se refiere a una esclava del califa cordobés Alhaquen II, y el segundo, a la esposa del primer señor de Tetuán, a principios del siglo XVI.
La esclava de Alhaquen, a quien los cronistas árabes designan como malika Qurtuba, reina o sultana de Córdoba, se llamaba Subh, nombre que no es sino la arabización de Aurora. Era una cristiana vasca. Aurora -o Subh- vivió en el siglo X, fue madre del califa Hixen y regente durante el tiempo de su infancia. Aunque los autores aportados por Mernissi no se pongan de acuerdo sobre el papel desempeñado por Subh en la administración omeya tras la muerte del padre de su hijo, si parece estar claro que influyó en los proyectos culturales de su marido y que después, gracias a ella, pudo llegar Almanzor a la cima de su poder.
Pero lo que en ésta no fue sino el producto de una conspiración urdida desde el harén, se vuelve política en el estricto sentido de la palabra en el caso de Sayda o Sitt la Horra, ante cuya historia clama Mernissi contra el silencio de los historiadores marroquíes para con los casos femeninos de poder.
Sayda, cuyo nombre real probablemente fuera Aixa, era hija de Catalina Fernández, natural de Vejer de la Frontera, casada a finales del siglo XV con el marroquí Alí ben Rachid, descendiente del santo con más devoción en todo Marruecos, Abdesalam ben Mechich, y señor prácticamente independiente de la región de la Yebala con capital en Chauen. Catalina cambiaría más tarde el nombre castellano por el de Laila Zuhra.
Sayda se casó siendo todavía muy joven con el granadino Alí al Mandri que, tras la derrota de El Zagal a manos de su sobrino Boabdil, se había exiliado al norte de África y había refundado con sus seguidores Tetuán. Gobernó junto a su marido hasta 1515 y, a partir de ahí, lo hizo por sí misma sin que, hasta ahora, pueda determinarse si el Señor Al Mandri murió entonces, estuvo enfermo o no tuvo más remedio que compartir el poder con su mujer.
El caso es que, a partir de esa fecha, se la nombra siempre con el calificativo de Sitt (Señora) que Mernissi pone como otro término, sinónimo asimismo de reina en el mundo islámico. La Horra -la grande o la noble- fue el apodo que, igual que en el caso de la esposa de Boabdil, acompañó al nombre.
Durante una veintena de años Sitt al Horra dirigió el tráfico naval y las empresas corsarias en el Mediterráneo occidental después de haber llegado a acuerdos con el pirata Barbarroja que operaba, bajo los auspicios de Turquía, desde Túnez a Baleares. Los portugueses, que debieron soportar sus incursiones en las aguas de Ceuta y Alcázarseguer la llaman en sus Anales Cidalforra, alcaidesa e senhora y negociaban con ella la liberación de sus prisioneros.
Probablemente fueran sus triunfos en estas actividades los que llevaron al sultán Ahmad al Wattasi a casarse con la Horra en 1541 y a aceptar que la ceremonia de la boda se realizara en Tetuán, algo que ni había pasado antes ni pasó otra vez después. Gracias a ello la capital del norte ostenta todavía el título de "ciudad imperial".
Algún tiempo después las cañas se volverían lanzas y Sayda la Horra se vería despojada del poder por parte de sus propios parientes. Aunque no haya noticias precisas sobre esta última etapa, sí se sabe que buscó su retiro en la población donde había nacido, Chauen, y murió allí. Todavía puede el viajero ver su tumba en la ermita raisuniya.
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Las casualidades de la historia

La familia a la que pertenece la ermita donde reposan los restos de Sit al Horra es la de los Raisun, emparentados con el santo Abdesalam ben Mechich y con nuestra sultana. Su personaje más conocido es Muley Ahmed El Raisuni, encarnado por Sean Connery en la película El viento y el león, que tuvo la osadía de raptar a Mistress Picaris, esposa del embajador norteamericano en Tánger a principios del siglo XX. El Raisuni se forjó una leyenda de "bandolero noble" actuando unas veces aliado a los españoles contra el sultán, con el sultán y contra los españoles, otras, o haciéndoles la guerra a ambos.
Pero la fama del linaje viene de mucho más atrás y se conecta también con la historia de España. Fernand Braudel, en su obra El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II, lo destaca: "La última cruzada de la cristiandad no fue la batalla de Lepanto. Fue, siete años más tarde, la expedición portuguesa que habría de terminar en la batalla de Alcazarquivir (4 de agosto de 1578) (...) en las riberas del río Luco, que va a desembocar en Larache. (Yazul Raisun) proclamó la guerra santa contra el invasor (...) El pequeño ejército portugués invadía, pues, un país resuelto a defenderse y que disponía, además, de una excelente caballería, de piezas de artillería y de arcabuces (éstos, con frecuencia, andaluces). Los cristianos fueron aplastados por el número".
Esa batalla, la de los Tres Reyes (allí murieron tanto el rey Don Sebastián de Portugal como dos de los pretendientes al sultanato de Marruecos), reñida junto a ese río que hasta hace medio siglo sirvió de frontera entre las zonas española y francesa del protectorado marroquí, permitió varias coincidencias.
Gracias a ello la dinastía saadiana, antecesora de la alauí, accedería al trono marroquí, los Raisuni se convertirían en una de las familias más poderosas del norte y su cofradía, la Yazulía, en la que regiría el santuario de Muley Abdesalam Ben Mechich. Y Felipe II, sin haber intervenido en el conflicto, se encontró con que caía sobre sus sienes la corona de Portugal para unirla a las de Castilla y Aragón.
La tumba de la Gran Señora estaría durante cuatro siglos fuera del alcance de las miradas de cualquier "infiel": la ciudad de Chauen engrosó la lista de "ciudades prohibidas" hasta que en 1920 entraran en ella las tropas del general Berenguer. Ahora los ayuntamientos de Vejer y de Chauen se encuentran, inexcusablemente, cada año en una u otra ciudad; sentimentalmente, Sayda reina en las dos orillas.